Entonces
cometes la estupidez más grande del siglo y le escribes a medianoche. Dos
palabras, a veces una línea solitaria, lo que sea con el objetivo de que sepa
que sigues ahí… cómo si no lo supiera. Y te sientes triste, eufórico, abatido,
contento, estúpido, raro. Piensas en la cara de indiferencia que pondrá cuando
lo lea. Piensas en lo extraño que debe de pensar que eres. Pero le has escrito,
ya está hecho. Te has desahogado para volverte a ahogar, más profundo, más
abajo en el fondo. Pero no te importa. Qué demonios. Se lo has dicho. Por
enésima vez le has dicho lo que ya está cansada de leer, de escuchar. Sabes que
no le importa. Pero no pasa nada. No puedes hacer nada, sólo ser, estar ahí,
plantado en mitad de la nada, esperando a que ella pase y te recoja. Pero sabes
que ella no va a pasar, que no te v a recoger, que seguirás ahí, siendo tú con
todo tu yo. Y nada más. Ella es
compasiva porque sabe que tienes una pobre alma, extraña, a veces incomprensible,
pero pobre al fin y al cabo. Demasiada sombra y demasiada luz. Ella sabe que
eres demasiada sombra.
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lunes, 21 de diciembre de 2015
sábado, 28 de noviembre de 2015
El mejor agosto
Paradigma
de juventud,
muchacha dichosa,
porqué me gustarán
tanto esos ojos,
esa nariz, esos labios,
esa tierna existencia
tuya.
Te quiero
tanto, amor;
niña, te quise
tanto.
Qué será ahora
de todo.
Tú, mi preciosa,
hallarás la dicha
en otros lugares,
y en brazos de otro.
Todo eso que yo
no te supe dar,
el poeta nunca
sabe nada.
Yo, así como soy,
la sombra que de mí
recuerdas, yo,
ese manojo de letras
extrañas seguirá
aquí, yo no me voy.
Aquí sin ti
como antes cuando
estabas.
Qué tierna,
que triste te marchaste,
gracias que te
robé la última
de tus sonrisas,
tú, la cosa más
bonita que vi
desde aquel agosto.
viernes, 27 de noviembre de 2015
27 de noviembre
Será para siempre,
amor, será sin ti.
Ya no más tú.
Madrugar, qué
triste rutina,
tan duro pensar
que ya no estás.
No más saludos,
no más, ya nada
de ti. Ahora
quién será.
Ahora sin ti,
si nada.
No todo, la nada,
y para siempre,
qué frío,
sabíamos
que llegaría el invierno.
Qué frío.
De pesar mis manos
tiritan, como
fulgores del cielo,
como llamas,
brasas extintas
que se consumen
ausentes,
de ausencia se
agitan y me duelen.
¡Qué frío, amor,
qué frío!
Nunca pensé
verte ir tan
pronto,
qué duro,
sonrisa de azúcar,
este veintisiete
de noviembre.
martes, 24 de noviembre de 2015
Otra vez
Fingiré que no te conozco y que todavía no me muero por esa boquita tuya. Tú puedes fingir que tampoco me conoces, si quieres. Podemos hacer que somos otra vez unos desconocidos y que nada de lo pasado cuenta ya. Yo puedo jugar a arrancarte sonrisas de nuevo, y tú, si quieres, puedes olvidarte de todas las cosas que te he dicho para volver a sorprenderte, aparentando que no te encantan, cuando las vuelvas a escuchar.
Podemos
inventar cosas que nunca sucedieron, o podemos repetirlo absolutamente todo,
sin dejar ningún detalle atrás. Pero esta vez yo quiero hacerte creer que te
quiero un poco menos, y tú, sólo si quieres, princesa, puedes ilusionarme un
poco más.
lunes, 9 de noviembre de 2015
De chatarra
Y yo sigo aquí, este saco de huesos vapuleado por tu boca, por tus ojos cristalinos, por tu presencia tibia de brasas en la noche. Sigo aquí, dejándome arrebatar el alma todas las veces que quieres. Y tú como si no te importara, y tú como si no la quisieras. Pero con ella te quedas igual, con ella te quedas al fin, aunque no te sirva para nada; ni a mí tampoco. ¡Quédatela, te la regalo! Ya que vas a venir a arrancarme todas las veces un pedacito de ella, prefiero que te la lleves toda ahora. Llévatela y déjame desnudo al fin, sin la única protección que tenía ante la clara sonrisa tuya. No me importa, ya no. Yo seguiré aquí, este inerte saco de huesos, sin alma, sin vida, sin ti.
domingo, 18 de octubre de 2015
Si me mato
Y si me mato
me muero,
y si me muero
te olvido,
y si te olvido
no soy,
y si no soy
no vivo.
No vivo y
no tú, no yo,
no nada.
Todo y más,
más y menos tú,
y menos, menos yo,
menos somos,
menos nosotros...
¡Ay!
menos tú,
menos yo,
¡ay!
si me mato,
y me muero,
y te olvido.
lunes, 5 de octubre de 2015
Las dos partes de ti
Lo que eres y lo que no eres, lo que me das y no me das; así yo disfruto las dos cosas, las dos partes de ti. Esa es la única manera de tenerte toda, de saber que estás, como hoy que necesito de ti, que necesito que aparezcas, de alguna manera, pero que aparezcas. Tú, que no sé si lees los que te escribo, que eres tan brillante como inalcanzable. Hoy, ahora necesito de ti como ayer, como mañana, como siempre que no estás y yo necesito que estés, y que no me faltes. Lo que eres y lo que no, todo lo que me das y dejas de darme. Todo lo que eres lo tomo y lo tengo guardado, saboreando el poco todo de ti que me llega; tú que eres, existes, y pasas; yo que te tengo, así como yo te amo, así como no me amas.
martes, 22 de septiembre de 2015
Se va
Se va. La ves marchar, se aleja y sabes que la pierdes hasta quién sabe cuando. Y entonces ese desasosiego, ese extraño desprendimiento del alma, esa pérdida eterna y momentánea. Tú solo frente a tu inmensidad porque ella se lo ha llevado todo. Se ha llevado su olor, su risa, sus ojos, y a ti. Tú también te has ido con ella y a cambio te ha dejado ese fantasma de pie que espera a que el mundo se pare. Sólo te queda su silueta recortándose en la lejanía hasta que desaparece, hasta que la pierdes, hasta el fin.
Se va llevándose una parte de tu todo, justo esa parte que más necesitas, esa con la que sueñas y te ilusionas; porque ella guarda todos los trocitos de tu corazón aunque no vaya a juntarlos nunca, y tú ya la empiezas a echar de menos desde que llega. Será que sin su presencia no estás entero, será que cuando se marcha un poquito de ti siempre se va con ella.
lunes, 21 de septiembre de 2015
Por qué me gustas
Me gustas tú en toda tu completa existencia,
tú en cada gesto, tú en cada pelo, tú en cada sílaba,
tú en cada mirada. Tú etérea y entera toda tú,
como si fueras una parte indivisible del cosmos.
Por eso a mí me gustas tú y no otra,
porque si fueses otra no me gustarías,
porque me gustas demasiado
como para no gustarme,
porque te quiero demasiado
para que me pueda gustar otra
que no seas tú.
lunes, 31 de agosto de 2015
Adiós...
En unos meses tú te habrás ido y a mí sólo me quedarán estos zapatos sucios. Tú te habrás ido y te habrás llevado esa sonrisa para siempre. Te habrás llevado también toda la poesía. Yo con mis zapatos sucios me quedaré a verte marchar, me olvidaré de tu moño alto y alocado, y te diré adiós.
¡Adios sonrisa infantil!
¡Adiós mirada inocente!
¡Adiós nariz de caramelo!
¡Adiós amor de verano, adiós refugio de otoño!
¡Adiós niña, adiós cielo, adiós sonrisa, adiós amor!
¡Adios sonrisa infantil!
¡Adiós mirada inocente!
¡Adiós nariz de caramelo!
¡Adiós amor de verano, adiós refugio de otoño!
¡Adiós niña, adiós cielo, adiós sonrisa, adiós amor!
Un poquito de ti
Todos los días, a cada minuto, a cada momento; en pequeños sorbos pero siempre un poquito de ti... Siempre un poquito constante de ti, de toda esa esencia que irradias, de eso que no es belleza, de eso que no es simpatía, de eso que es muchísimo más. A cada instante y a cada segundo, amor, todo eso que hace de ti algo irrepetible, a pequeños sorbos, yo elijo siempre, un poquito de ti.
domingo, 16 de agosto de 2015
Niña
Quién te hizo niña,
tan viva, tan risueña,
tan tuya.
Quién puso en ti
todo aquello,
puro, hermoso,
y sagrado.
Quién no lo sé,
mas se yo
que aquí arriba
donde hiela
y nunca se ve
amanecer,
cala más
tu alegría,
llora menos
el alma mía
y cual valiente
cobarde canalla,
me haces tú
estremecer...
jueves, 30 de julio de 2015
De otoño y ocaso
Y
apareciste. Supongo que igual que todas las anteriores, pero con la extraña
certeza de ser sólo tú. Quién sabe si producto de la casualidad más maravillosa
que nos pudo haber pasado nos encontramos igual que una gota se funde con otra
gota gemela en un torrente de agua. ¡Qué nos importarán los nombres! Sé que
eres tú y eso es suficiente. La etiqueta por la que me refiero a ti no es un
nombre, ni siquiera una etiqueta, es “cariño, princesa, te necesito aquí a mi
lado”.
Y así
apareciste. Ahora ni tú ni yo sabemos como va a terminar esta locura
maravillosa. Yo me conformo con amarte a ratos, a minutos, a segundos, en
pequeños instantes, y después sufrir tu ausencia. Y tú, que eres así, tan
secreta y misteriosa, tan de otoño y de ocaso, aguardas con recelo a que tal
vez ocurra cualquier cosa, a que nuestra agonía dichosa de querernos sorbo a
sorbo se transforme en algo; en un calor prolongado, quizás en una caricia
infinita, en un no echarnos nunca más de menos, en saborear eso que se llama
calor, tú y yo, esos dos desahuciados del mundo de los vivos, esos dos
enamorados de los sueños cumplidos.
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jueves, 30 de abril de 2015
Reencuentro
-¿Sabes
que te busqué?
-Bueno…
-Pero
cuando vi que no contestabas supe que te había perdido… que habíamos perdido el
contacto.
-Cambié
de mail, simplemente.
-Sí,
fue lo que pensé. Podrías…
-¿Qué?
-Podrías
habérmelo dicho.
-Sí…,
pero en cada uno de tus mensajes veía que sufrías. Seguir en contacto conmigo
no hubiese sido bueno para ti.
-Bueno,
ahora estamos tomando un café…
-Sí…
-¿Recuerdas
aquel día en clase de latín?
-¿Qué
día?
-El día
en que faltaron todos, hasta la profesora, y estuvimos solos.
-Sí…
bueno, creo que sí.
-Me
encantaba la clase de latín.
-Lo sé.
-¿Te
acuerdas?
-Sí.
-Me
encantaba. Me podía sentar a tu lado y ver esa preciosa letra tuya, tan redonda
y chiquitita. Qué tonto soy, ¿verdad? Recordando ahora con esta edad algo de
hace más de diez años.
-Tal vez deberías desprenderte de esos recuerdos. No creo que sean buenos para
ti.
-Es uno
de los mejores que tengo de aquellos años. Recuerdo como ibas a clase, los
zapatos que llevabas, el estuche que usabas… Y sigues siendo igual de guapa.
-Bueno…
¿Hasta cuando te vas a quedar firmando libros?
-¿Eh?
Bueno, aquí solo era hoy. Pero ahora viene la Feria del Libro y estaré en
varios sitios.
-Ah,
vale…
-¿Cómo
encontraste mi libro?
-Vi el
anuncio en televisión. Reconocí tu nombre, y me acordé que habías dicho que
estabas escribiendo una novela de ese tipo.
-¿Lo
has leído?
-¡Claro!
Si no no hubiese ido a tu firma.
-Claro…
gracias. ¿Te gustó?
-¡Por
supuesto! Has trazado una gran trama y te ha salido muy bien. Y el final
fantástico, no me lo esperaba. No me extraña que hayan apostado tan fuerte por
ti.
-Muchas
gracias. Te lo agradezco de verdad. Eres historiadora, así que si a ti te ha
gustado tanto puedo darme por satisfecho.
-Tampoco
es que sea una gran experta en esa época. Pero está muy bien.
-Cuando
te vi llegar no me lo podía creer. A pesar de todos los años que han pasado te
reconocí al instante.
-Sí, y
yo a ti.
-Bueno,
tú tenías ventaja. Sabías que iba a estar ahí.
-Sí, es
verdad, pero tampoco has cambiado nada. Incluso estás más joven.
-Bueno,
gracias. Aunque no es exactamente así.
-En
fin, me alegro de haber vuelto a saber de ti y de que hayas podido cumplir tu
sueño. Yo ahora…
-¿Puedo
preguntarte una cosa?
-Sí,
claro.
-¿Cómo
es él?
-¿Quién?
-Él.
-¿Por
qué das por hecho que tengo pareja?
-…
-Él no
importa en esta conversación.
-Claro…
lo siento. Perdona, no quería…
-No
tranquilo, no pasa nada.
-¿Volveremos
a vernos otra vez?
-No lo
sé. No creo.
-Si
vuelvo, ¿puedo avisarte...?
-Creo
que harías bien en olvidarme. Todo esto te hace daño. Me ha encantado tu
novela, y compartir estos minutos contigo, pero no es bueno para ti. No dejes
de escribir, lo haces bien.
-Aún te
quiero, lo sabes.
-Sigue
escribiendo, lo haces bien. Buena suerte.
jueves, 16 de abril de 2015
Adiós
Bueno, era inevitable. Sabías que iba
a pasar. Tarde o temprano ocurriría. Después de todo, quién eras
tú. Tú eras triste y débil. Ella no se merecía alguien así. Ella
se merecía a alguien que la sacase a bailar, que la llevase al mar
por la noche, que pudiera mirarla a los ojos sin sentirse inferior.
Ahora se ha ido. Ahora será feliz. Tú debes seguir tu camino. Era
inevitable y lo estabas esperando. No puedes culparla, ¡cómo
hacerlo! Después de todo, quien eras tú. Ella se merecía a alguien
que fuese más que versos.
domingo, 12 de abril de 2015
Y ella volando sola
Otra vez solo. Otra vez tú. Así está mejor. Así es como tiene que ser. Simplemente no naciste para compartir tu vida con otra persona. Eso es para otros, para los que saben amar. Tú solo sabes escribir.
Sabes que la soledad te viene bien. Ella te ha moldeado y te ha hecho escritor. Hoy eres quien eres gracias a la soledad.
En compañía se estaba bien. La querías. Sí, la amabas. Como diría Neruda: "Cómo no amar sus grandes ojos fijos."
Pero era todo demasiado irreal, ese no eras tú. Tú eres el de los poemas, ya sabes; el que le escribe a medianoche, el que no tiene más consuelo que su pluma. De todas formas ella no iba a ser feliz a tu lado. ¿Qué podías ofrecerle sino nostalgia? No te merecías irte todas las noches a la cama con una amazona.
Otras vez solo vuelves a ser tú. Vuelves a la normalidad, vuelves a ser el de antes, vuelves a ser el de siempre. Solos tú y tu soledad. Y ella volando sola lejos de ti, entre tinta y papel.
Sabes que la soledad te viene bien. Ella te ha moldeado y te ha hecho escritor. Hoy eres quien eres gracias a la soledad.
En compañía se estaba bien. La querías. Sí, la amabas. Como diría Neruda: "Cómo no amar sus grandes ojos fijos."
Pero era todo demasiado irreal, ese no eras tú. Tú eres el de los poemas, ya sabes; el que le escribe a medianoche, el que no tiene más consuelo que su pluma. De todas formas ella no iba a ser feliz a tu lado. ¿Qué podías ofrecerle sino nostalgia? No te merecías irte todas las noches a la cama con una amazona.
Otras vez solo vuelves a ser tú. Vuelves a la normalidad, vuelves a ser el de antes, vuelves a ser el de siempre. Solos tú y tu soledad. Y ella volando sola lejos de ti, entre tinta y papel.
domingo, 29 de marzo de 2015
Tu mar de lunares
Si vas a matarme hazlo ya.
Lo último que quiero ver son tus labios rojos. Quiero sentir como esa cicuta de carne femenina se funde con los míos antes de perderte para siempre.
Quiero irme después de haber recorrido todos tus lunares. Quiero llevármelos en la retina y llevármelos en la boca. Entregarme a ti mientras me matas con tus manos mapeando mi cuerpo. Y yo a su ves el tuyo, intentando zafarme en vano de tus caricias.
Entonces tal vez yo contraataque. Tal vez me atreva a enfrentarme a tu forma de hacerme vivir. Necesito que en esta suerte de placentera agonía seas tú la que acabe conmigo. La que hagas que me vaya, ahogado en tu mar de lunares.
Lo último que quiero ver son tus labios rojos. Quiero sentir como esa cicuta de carne femenina se funde con los míos antes de perderte para siempre.
Quiero irme después de haber recorrido todos tus lunares. Quiero llevármelos en la retina y llevármelos en la boca. Entregarme a ti mientras me matas con tus manos mapeando mi cuerpo. Y yo a su ves el tuyo, intentando zafarme en vano de tus caricias.
Entonces tal vez yo contraataque. Tal vez me atreva a enfrentarme a tu forma de hacerme vivir. Necesito que en esta suerte de placentera agonía seas tú la que acabe conmigo. La que hagas que me vaya, ahogado en tu mar de lunares.
miércoles, 11 de marzo de 2015
La lluvia se posa
Le escribo a todo lo que no
tengo. A ese frescor tuyo en primavera, al calor de tu invierno, a
los otoños de humedad y calma.
Junto a ti la lluvia se cae
distinta, como unos dedos maestros cayendo con delicadeza sobre las
teclas de un piano.
Tú y yo somos de mundos
distintos. Tú sabes a rocío, y yo a hierro y a metal corroído. En
un mundo irreal seríamos compatibles, en un mundo de invierno y
noches heladas donde sólo tuviésemos mi fuego y tu fuego.
En un mundo imposible tal
vez me querrías, me amases, y después me echases de menos. Yo no
puedo quererte, serías demasiado. Me gusta más llenarte de besos.
Junto a ti la lluvia cae
distinta, el otoño es nuestro, y el tiempo es menos tiempo.
jueves, 26 de febrero de 2015
Patriota de ti
Soy
patriota de ti porque mi patria eres tú. Tu cuerpo es esa tierra que
siento mía cuando quedo huérfano de todo, cuando busco refugio,
cuando el día termina y hace frío y se hielan mis manos. Yo en las
tuyas veo el inicio de la tierra que amo, en tus ojos encuentro la
bandera de mi patria, y en tu boca los ríos que bañan mis campos.
Yo que soy patriota de ti, me declaro soldado de tus besos, esclavo
de tus abrazos.
lunes, 23 de febrero de 2015
Abrazos
Los
abrazos son para quién pueda darlos. Yo, como no tengo brazos,
escribo porque no conozco otra forma de amar. Tal vez pienses que
contigo sería distinto, que te tomaría de la mano y te llevaría a
donde el día cambia de nombre. Pero yo, que no tengo brazos, sólo
consigo amarte en una maraña de letras. Así tú te vuelves sutil,
fina, de polvo y papel; y yo, que no tengo brazos, te escribo porque
es la única forma de amarte que sé.
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