Entonces
cometes la estupidez más grande del siglo y le escribes a medianoche. Dos
palabras, a veces una línea solitaria, lo que sea con el objetivo de que sepa
que sigues ahí… cómo si no lo supiera. Y te sientes triste, eufórico, abatido,
contento, estúpido, raro. Piensas en la cara de indiferencia que pondrá cuando
lo lea. Piensas en lo extraño que debe de pensar que eres. Pero le has escrito,
ya está hecho. Te has desahogado para volverte a ahogar, más profundo, más
abajo en el fondo. Pero no te importa. Qué demonios. Se lo has dicho. Por
enésima vez le has dicho lo que ya está cansada de leer, de escuchar. Sabes que
no le importa. Pero no pasa nada. No puedes hacer nada, sólo ser, estar ahí,
plantado en mitad de la nada, esperando a que ella pase y te recoja. Pero sabes
que ella no va a pasar, que no te v a recoger, que seguirás ahí, siendo tú con
todo tu yo. Y nada más. Ella es
compasiva porque sabe que tienes una pobre alma, extraña, a veces incomprensible,
pero pobre al fin y al cabo. Demasiada sombra y demasiada luz. Ella sabe que
eres demasiada sombra.
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lunes, 21 de diciembre de 2015
Ir
Y
decides ir a buscarla. Sabes que no tiene ningún sentido, pero nada de lo que
ha pasado hasta entonces lo tiene. Vas. Y te vuelves sin nada por donde mismo
has venido. Pero has ido, fuiste. Cometiste la tontería de buscarla, la
tontería que llevabas tiempo queriendo y necesitando hacer. A veces necesitas
ese tipo de cosas, como para demostrarte que estás tan loco como muchos creen.
Lo intentaste, y te das una palmada invisible en la espalda. Lo intentaste, y
te vas a casa, a pensar en todas las locuras y estupideces que te gustaría
hacer por ella.
martes, 10 de noviembre de 2015
De plástico
Un poco de poesía
para este mundo
de plástico,
para tanto acero
y tanto infeliz,
y sonrisas vacías.
Poesías que rellenen
los huecos de los
edulcorantes falsos.
Poesía contra
la polución y
las prisas.
Poesía para
salvarnos del
mundo.
Las manzanas
de fibra ya no
son verdes.
Ahora todo
sabe a cartón.
¡Qué será de
nosotros en este
mundo de plástico,
si no te escribo,
si no te añoro,
si no me abrazas,
si no te pienso,
si no nos amamos!
miércoles, 7 de octubre de 2015
Las cosas que importan
Dónde queda todo cuando la ves llegar
con su pelo suelto o con su pelo recogido, o como sea; cuando está
allí y te mira, o te dice unas pocas palabras acompañadas de una
sonrisa. Entonces la vida adquiere otro sentido, uno que hasta ese
momento desconocías. En ese momento te das cuenta de que lo pequeño
que es el mundo porque está lleno de cosas vacías.
Qué puede importar el dinero que
tengas en ese momento en el bolsillo, el que vayas a ganar, o el que
ganaste y perdiste. Qué puede importar si en un solo instante una
persona aparece y te desarma, y desbarata de arriba a abajo todo tu
mundo. Es entonces cuando abres por fin los ojos y compruebas que las
cosas no son como pensabas que eran, que todo lo que te habían
explicado, que todo lo que habías visto hasta ahora estaba
equivocado. Que el hecho de que haga calor o frío, que te
funcione o no el coche, que tener trabajo o no tenerlo, que tener
dinero o no tenerlo, que todas esas pequeñeces sociales y humanas no
tienen tanto peso, porque ya nada de eso te llena ni te duele, porque
existe un único ser al que sólo necesitas ver o recordar para que
todos los millares de minucias del mundo se reduzcan a cero.
Es en
ese momento cuando te desembarazas de todas las cadenas que te ataban
a este mundo gris y bajo, a esta caótica existencia de vaivenes, de
prisas y carreras hacia ninguna parte; cuando te das cuenta de que la
vida es mucho más que lo que se toca y se ve, que lo que se paga, se
compra y se vende, que lo que se come o se utiliza. Que eres rico,
tremendamente rico porque amas, y no todos pueden decir lo mismo,
porque sientes, porque no importa si el mundo se para de repente y lo
pierdes todo; porque sabes que cuando vuelvas a verla llegar con su
pelo suelto, o recogido, o como sea, sabes que en ese preciso
instante se reseteará el universo, y ya no importará todo lo
anterior, y todos tus pesares, triunfos, decepciones, ganancias,
perdidas y alegrías materiales y cotidianas no importarán, porque
vivir no era lo que te había contado, vivir era otra cosa.
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