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miércoles, 1 de abril de 2015

Demasiado imperfecto

Mi ninfa tierna, donde estarás. Recuerdo que eras de nata, de nata y suave, y dulce, y clara. Yo recorría tu piel como las nubes recorren el cielo. Qué felices hubiésemos sido...
Yo era demasiado imperfecto.

Ahora imagino que otro encontrará tus labios finos en la oscuridad, te tomará de la mano y te robará sonrisas de fresa. Tú le harás caricias, él jugará con tu pelo... Mientras yo te escribo.

Yo era demasiado imperfecto.

Yo solo quería mirarte a los ojos y pasar dos segundos a solas contigo. Nunca sabremos cuanto te hubiese querido.

Ahora eres lejanía, lejanía y desengaño. Yo no me atreví a mirarte a los ojos cuando estuve a solas contigo. Yo, que era simple, normal, mundano, y cobarde a tu lado; me detuve en la perfecta configuración de tus labios. Y después, soñé más abajo, donde mi piel con tu piel se hacía sublime, allí, en aquel valle cálido...

lunes, 23 de febrero de 2015

Abrazos

Los abrazos son para quién pueda darlos. Yo, como no tengo brazos, escribo porque no conozco otra forma de amar. Tal vez pienses que contigo sería distinto, que te tomaría de la mano y te llevaría a donde el día cambia de nombre. Pero yo, que no tengo brazos, sólo consigo amarte en una maraña de letras. Así tú te vuelves sutil, fina, de polvo y papel; y yo, que no tengo brazos, te escribo porque es la única forma de amarte que sé.

martes, 14 de octubre de 2014

La vida es sencilla

La vida es sencilla. Yo pasaré a buscarte a eso de las diez de la mañana. Tú estarás esperándome en la puerta con emoción contenida, con tus brazos dispuestos a saltar a mi cuello nada más verme. Nos daremos un beso tímido pero caluroso y nos tomaremos de la mano y comenzaremos a caminar.

Llegaremos a la estación cerca de las diez y veinte, y esperaremos diez minutos más hasta que salga nuestro autobus. Pelearemos como siempre porque a mí me gusta sentarme delante del todo, y a ti en la última fila. Durante el trayecto, un torrencial de caricias caerán sobre tu cabeza apoyada en mi hombro, y mis manos de vez en cuando apartarán esos dos mechones caprichosos que de vez en cuando ocultan tu rostro.

Una vez en la costa seremos libres. Yaceremos juntos sobre la arena caliente mientras la brisa saluda nuestros cuerpos. En el agua nos dejaremos llevar como los niños que fuimos, como los niños que somos.

Hasta que caiga la tarde no nos acordaremos de que el mundo existe. Nos quedaremos en la orilla hasta el último momento, observando complacidos como la esfera naranja termina su descenso hasta acabar engullida por la inmensidad violácea en el horizonte.

Después, tomaremos el último autobus que salga del paraíso y volveremos a casa cansados, y llenos de salitre. Sí; amor, la vida es sencilla.