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lunes, 12 de octubre de 2015

Breve receta para escribirte

Yo para escribirte necesito saber de ti, estar en ti, entrar en ti. Si no se hace extraño, es como saberte entre fuego y agua. Para escribirte hace falta palparte el alma, sumergirse en esa inmensidad tan íntima y secreta tuya. Escribirte es sacarme a racimos el corazón del pecho. Escribirte es adentrarme en el abismo, es abrazar el caos, es renunciar a la cordura, es hacer del fuego hielo, es buscar la dicha en un desvarío. Así, trinchera de la vida, bálsamo y castigo, así de desnudo estoy yo cuando te escribo.

martes, 6 de octubre de 2015

Pétalo Amarillo

Pétalo Amarillo, anoche me acosté soñando que aparecías. Si supieses lo que me encanta tu piel, tu nariz, tu boca, tu carita... Me gustas más de lo que te he dicho. No puedes ni imaginar lo falso que he sido. Todo lo que te dije que te quería era muchísimo más. Mentí y miento siempre, Pétalo Amarillo, total y siempre mentiroso de mí. Yo que te quiero a mares, yo que te abrazo a ríos, yo que te colmo de falsedades, hoy me duermo soñando contigo. Falso como soy para no decirte que desespero y que te amo más de lo que abarcan mis brazos, que te sueño con fuerza, que te amor, que te cielo, que te tierra, que te viento, que te agua, que te fuego.

jueves, 30 de julio de 2015

De otoño y ocaso



Y apareciste. Supongo que igual que todas las anteriores, pero con la extraña certeza de ser sólo tú. Quién sabe si producto de la casualidad más maravillosa que nos pudo haber pasado nos encontramos igual que una gota se funde con otra gota gemela en un torrente de agua. ¡Qué nos importarán los nombres! Sé que eres tú y eso es suficiente. La etiqueta por la que me refiero a ti no es un nombre, ni siquiera una etiqueta, es “cariño, princesa, te necesito aquí a mi lado”.

Y así apareciste. Ahora ni tú ni yo sabemos como va a terminar esta locura maravillosa. Yo me conformo con amarte a ratos, a minutos, a segundos, en pequeños instantes, y después sufrir tu ausencia. Y tú, que eres así, tan secreta y misteriosa, tan de otoño y de ocaso, aguardas con recelo a que tal vez ocurra cualquier cosa, a que nuestra agonía dichosa de querernos sorbo a sorbo se transforme en algo; en un calor prolongado, quizás en una caricia infinita, en un no echarnos nunca más de menos, en saborear eso que se llama calor, tú y yo, esos dos desahuciados del mundo de los vivos, esos dos enamorados de los sueños cumplidos.

martes, 14 de octubre de 2014

La vida es sencilla

La vida es sencilla. Yo pasaré a buscarte a eso de las diez de la mañana. Tú estarás esperándome en la puerta con emoción contenida, con tus brazos dispuestos a saltar a mi cuello nada más verme. Nos daremos un beso tímido pero caluroso y nos tomaremos de la mano y comenzaremos a caminar.

Llegaremos a la estación cerca de las diez y veinte, y esperaremos diez minutos más hasta que salga nuestro autobus. Pelearemos como siempre porque a mí me gusta sentarme delante del todo, y a ti en la última fila. Durante el trayecto, un torrencial de caricias caerán sobre tu cabeza apoyada en mi hombro, y mis manos de vez en cuando apartarán esos dos mechones caprichosos que de vez en cuando ocultan tu rostro.

Una vez en la costa seremos libres. Yaceremos juntos sobre la arena caliente mientras la brisa saluda nuestros cuerpos. En el agua nos dejaremos llevar como los niños que fuimos, como los niños que somos.

Hasta que caiga la tarde no nos acordaremos de que el mundo existe. Nos quedaremos en la orilla hasta el último momento, observando complacidos como la esfera naranja termina su descenso hasta acabar engullida por la inmensidad violácea en el horizonte.

Después, tomaremos el último autobus que salga del paraíso y volveremos a casa cansados, y llenos de salitre. Sí; amor, la vida es sencilla.