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sábado, 28 de noviembre de 2015

El mejor agosto

Paradigma
de juventud,
muchacha dichosa,
porqué me gustarán
tanto esos ojos,
esa nariz, esos labios,
esa tierna existencia
tuya.

 Te quiero
tanto, amor;
niña, te quise
tanto.

Qué será ahora 
de todo.

Tú, mi preciosa,
hallarás la dicha
en otros lugares,
y en brazos de otro.
Todo eso que yo
no te supe dar,
el poeta nunca
sabe nada.

Yo, así como soy,
la sombra que de mí
recuerdas, yo,
ese manojo de letras
extrañas seguirá
aquí, yo no me voy.
Aquí sin ti
como antes cuando
estabas.

Qué tierna,
que triste te marchaste,
gracias que te
 robé la última
de tus sonrisas,
tú, la cosa más
bonita que vi
desde aquel agosto.

sábado, 22 de agosto de 2015

Risueña niña preciosa...

De canela, niña,
eres de canela,
eres estrella, niña,
eres estrella.

Como una muñequita
que mueve los ojos,
como una princesa
con su vestidito
turquesa.
Como caminas
y te mueves
con soltura,
así como tú eres
y tu sonrisa,
eres un monumento
a los angelitos
del cielo.

De canela, niña,
eres de canela.

Como el mar que
busca la orilla,
así como tu miras,
y esa consentida
naricilla tuya,
coqueta como tú
y tus labios
de purpurina,
como esos besos
de fresa
que te robaría
a racimos.

Yo me comería
toda tu piel,
risueña niña
preciosa
de estrellas
y de canela.

miércoles, 5 de agosto de 2015

Yo no quiero besos

Yo no quiero besos. Los besos son cortos. Yo quiero una docena de amaneceres y medio millón de "rozar tu cuerpo sin querer bajo las sábanas". No me basta con besarte, amarnos un poco, o mucho, y después dejarte marchar. Tus labios en los míos están bien, supongo, yo creo que se gustan, y pienso que nosotros también disfrutamos de ellos. Contigo y unas cuantas caricias de esas de las que te pillan desprevenido se estaría bien.

Yo quiero un beso que sepa a "llevo todo el día esperándote". Tú junto a mí, quiero que perdamos el tiempo haciéndonos de todo sin que hagamos nada. Yo no quiero besos de "cuánto me gustas". Quiero besos de "amor, cielo, princesa, moriría ahora mismo contigo".


miércoles, 6 de mayo de 2015

¡Se acabó!

Estas son las últimas líneas que me haces escribir. Desde este momento quedas castigada sin versos y sin caricias en el cuello. Ahora tendrás que aprender a vivir sin mis manos y sin mis labios. De aquí en adelante estamos solos, amor. Yo me quedaré con una libreta medio llena, y tú con estas líneas, las últimas que me haces escribir.

jueves, 16 de abril de 2015

Protocolo

Todos cenando. Comentando banalidades. Risas de cortesía para comentarios precocinados. Y yo pendiente de ti. Acariciándote con mi silencio. Observando el pliegue de tus labios al sonreír. Qué me importará a mí todo ese protocolo. Yo quiero que suene la música y sacarte a bailar. Quiero preguntarte tu nombre. Quiero dejar de mirarte y pasar a agasajarte como un idiota que sabe que ha encontrado a una chica demasiado buena para él. Qué me importará a mí todo este protocolo. En todo este mar de murmullos ininteligibles me quedo con tu cabellera oscura y con las cuatro miradas furtivas que nos hemos regalado.

Volverte a escribir

Estúpido de mí vuelvo a escribirte. Tú, que ya no te acuerdas de mí, que habrás olvidado hasta mis manos...

En mi delirio a menudo imagino como hubiese sido mi vida contigo. Pienso como sería encontrarte despeinada cada mañana. Como sería compartir mi vida con una diosa de ojos oscuros.

Vuelvo a escribirte como el niño que corre asustado a las faldas de su madre, como el vagabundo que no encuentra cobijo, como un pájaro que esquiva la lluvia. Qué tendrán tus mejillas que enloquecen a mis labios. Qué tendrá tu perfume...


Estúpido de mí vuelvo a escribirte. Vuelvo al punto de partida, vuelvo a acostarme en tu pecho, vuelvo a tu boca. Vuelvo a ser quién fui. Ese loco extraño, ese bufón, esa rama quebradiza, ese que te quiso, ese que te quiere, ese de la risa nerviosa, ese al que le quedaban mal todos los trajes. Así me quisiste, así no me quieres. Estúpido de mí que te idolatra. Estúpido de mí que vuelve a escribirte.

miércoles, 1 de abril de 2015

Demasiado imperfecto

Mi ninfa tierna, donde estarás. Recuerdo que eras de nata, de nata y suave, y dulce, y clara. Yo recorría tu piel como las nubes recorren el cielo. Qué felices hubiésemos sido...
Yo era demasiado imperfecto.

Ahora imagino que otro encontrará tus labios finos en la oscuridad, te tomará de la mano y te robará sonrisas de fresa. Tú le harás caricias, él jugará con tu pelo... Mientras yo te escribo.

Yo era demasiado imperfecto.

Yo solo quería mirarte a los ojos y pasar dos segundos a solas contigo. Nunca sabremos cuanto te hubiese querido.

Ahora eres lejanía, lejanía y desengaño. Yo no me atreví a mirarte a los ojos cuando estuve a solas contigo. Yo, que era simple, normal, mundano, y cobarde a tu lado; me detuve en la perfecta configuración de tus labios. Y después, soñé más abajo, donde mi piel con tu piel se hacía sublime, allí, en aquel valle cálido...

domingo, 29 de marzo de 2015

Tu mar de lunares

Si vas a matarme hazlo ya.

Lo último que quiero ver son tus labios rojos. Quiero sentir como esa cicuta de carne femenina se funde con los míos antes de perderte para siempre.

Quiero irme después de haber recorrido todos tus lunares. Quiero llevármelos en la retina y llevármelos en la boca. Entregarme a ti mientras me matas con tus manos mapeando mi cuerpo. Y yo a su ves el tuyo, intentando zafarme en vano de tus caricias.

Entonces tal vez yo contraataque. Tal vez me atreva a enfrentarme a tu forma de hacerme vivir. Necesito que en esta suerte de placentera agonía seas tú la que acabe conmigo. La que hagas que me vaya, ahogado en tu mar de lunares.

viernes, 20 de marzo de 2015

Nostalgia

Nostalgia del invierno,
nostalgia de ti.
Nostalgia de tu calor,
de tu corazón helado,
de tus "me quieres",
de tus "no valgo nada".

Carámbano de hielo,
despiadada mujer,
fría y malvada.

Siento nostalgia de ti,
de tus palabras de arpía,
de tus labios rojos,
de tu cuerpo cálido.

Nostalgia de invierno,
de frío, de viento, 
del fuego de tu pecho,
de ti,
del edén de tu centro...

viernes, 27 de febrero de 2015

Oda a mi pluma

Es fría y maravillosa como tú. Su rectitud me recuerda a tus labios. Yo la tomo entre mis manos y siento como el calor de tu piel pasa a mis dedos. Cuando estamos a solas construimos fantasías. Por ejemplo, yo la tomo suavemente y los dos nos deslizamos rozando las sábanas y tatuando de azul el papel. A veces, cuando ella descansa yo te sigo soñando en sueños de tinta y carne. Yo la guardo como guardo tus besos, como abrazo tu cuerpo, frío, recto, y de plata.

lunes, 23 de febrero de 2015

Yo ya no seré

Cuando leas esto serás feliz y yo ya no seré. Es extraño, hasta que no ocurren ciertas cosas no se comprende que es la vida. Ahora sé que mi vida eras tú, y ahora que tú no puedes ser, mi vida ya no es.

Resulta paradójico, tu felicidad consumada ligada al destino de otro que no soy yo. Debería de estar contento, supongo. Pero también debería estar abatido.

Tal vez lo que más duela sea saber que tu cuerpo arderá lejos de mí, que otro probará tu sabor a fuego, y te verá agitarte como un volcán. Mientras tanto yo ya no seré. Tal vez tras el umbral te encuentre, tal vez te ame incluso más. Lejos, muy lejos de ti, en otro yo, te guardaré para siempre en la estancia más luminosa de mi alma desdichada.

Así te dejo, amor, así te dejo; yo tengo una existencia por concluir y tú toda una vida por disfrutar. Te dejo todo el amor que a ti te sobra, y estas humildes letras solitarias. Me voy sabiendo que serás de otro, que será otro quien conozca tu centro, y quien pose sus labios en los momentos más íntimos en la suave piel de tus pechos.

Eternamente tuyo, te mando mil besos, mil besos como mil hormiguitas traviesas recorriendo tu cuello...


lunes, 24 de noviembre de 2014

Tal vez

Tal vez
hoy ya no te ame.
Tal vez.
Tú, mi todo perdido,
mi amor de siempre,
mi lamento extraño;
mi vida
en labios de otro,
mi yo
fuera de mí,
mi tú,
tu yo en otro,
y en aquel
yo.




viernes, 17 de octubre de 2014

Amarnos es el regalo.

Hoy vayámonos por ahí,
a celebrar que no celebramos nada.
A celebrar que estamos juntos,
que las estrellas salen para nosotros
y que el Sol se esconde más despacio,
pintando el atardecer de rosas y naranjas.
Quiero brindar
por tu sonrisa y tus labios rojos.
Quiero organizar
una fiesta de besos
para sólo dos invitados;
y celebrar que no celebramos nada,
que el día es fresco 
y nuestras noches cálidas.
Que el Sol está en el cielo,
que la Luna nos inspira,
y que amarnos es el regalo. 


lunes, 6 de octubre de 2014

Anatomía de un recorrido

Me gustas de abajo a arriba. Siempre de abajo a arriba, en ese orden, empezando por
los pies.

Reviso dedito a dedito, desde los más pequeños a los más grandes. Los quiero a todos
por igual, y ellos adoran jugar conmigo. Después voy a los tobillos, dos nudos pequeños y
recios, esas dos bolitas de hueso. Examino a conciencia toda su lisa superficie, y cuando he
terminado, sigo subiendo. Ahora vienen las rodillas. Me suelo entretener bastante en el
espacio inmediatamente inferior, e inmediatamente superior a éstas. Todo eso que
conforman tus piernas, entre los talones y los muslos. Estos últimos son una delicia, gentiles
y agradecidos a todas mis caricias.

Ahora bien, llegados a este punto, nada se compara con tu centro. Tu ombligo me
señala el camino y me recuerda que sigo vivo. Más abajo, encuentro la paz. Es el inicio de
ti, de mí, y de todo lo que alguna vez fue pensado o hecho. Paso sin prisa por tu centro;
cálido, acogedor, reconfortante. En esas latitudes nunca olvido tu revés, que me recuerda a
tus muslos. La naturaleza ha querido diseñar esa parte de ti con especial cuidado, tomando
como modelo la forma perfecta de tus caderas.

Me traslado ya al otro hemisferio, más al norte, pero sobre la misma masa cálida
incandescente.

Tu vientre es un mundo. Liso, suave, alto, profundo.Vivo y sueño en él. Mis labios se
conocen todas las rutas que lo surcan. En ocasiones recorren, varias veces, arriba y abajo,
todos esos caminos.

A los costados penden de ti dos miembros alargados que terminan en unas manos de
terciopelo y unos finos dedos juguetones, que se empeñan en enredarse en los míos. Desde
tus pulidas uñas de nácar subo y subo, deslizándome sobre tu piel con la yema de mis dedos.
En las alturas, tus hombros son un manantial. Mis labios, no sé porqué, tienen
predilección por esa grácil capa de piel que los cubre, que parece derretirse bajo mis besos.
Y siguiendo el itinerario, camino centímetro a centímetro; mejor, milímetro a milímetro
hasta ese enclave de ensueño.

En tu cuello he muerto miles de veces. Me encanta ver como se tensa, como se relaja,
y como se estremece. Guarda tantos secretos y placeres que me cuesta horrores
desprenderme de él. Para autocomplacerme, todo mi ser se vuelca largo tiempo en esa
maravillosa franja.

Entonces vuelvo sobre mis pasos, tomando una ruta distinta. Me dirijo hasta ese
hoyuelo caprichoso donde nace tu cuello. Lo exploro y sigo fugaz hacia abajo. Tus tesoros
rosados son dos pedazitos de cielo. Siento que mis manos son demasiado vulgares para
tocarlos. Me conformo con su visión, y con la textura que siento en los labios cuando llego a
la cúspide. Conquisto esas cimas todas las veces que puedo. A veces resbalo, y la caída se
me hace deliciosa, infinita... Tus dos tesoros rosados palpitan, se hinchan y me llaman. Me
comunico con ellos en un lenguaje secreto, casi mágico. Mis dedos atrevidos se escabullen y
quebrantan la calma de éstas, tus dos joyas. No los sanciono. ¿Quién no se conmueve antes
tus tesoros rosados?

Al final del camino está la ambrosía. Es algo magnético. Tus labios llaman a mis
labios. Algo más grande que tú que yo se produce entre ellos. Yo no digo nada, y tú
tampoco. Somos víctimas de cuatro líneas de carne que se aman infinitamente. De repente,
el hechizo se rompe, descubrimos que existimos, y mis ojos se pierden en tus ojos. La
sensación es de un ensueño cuando me sumerjo.

Como organismos independientes, mis manos mapean tu espalda y testan la suavidad
de cada hebra de tu cabello. Cual violín de mujer, mis dedos se mueven imitando el experto
que no soy y tratan de arrancarte algunas notas. Simulo un mordisco en la apetecible
prolongación de ti misma que cuelga de tu oreja y dejo que mi lengua se cobre su parte.
Nariz con nariz como dos esquimales sellamos el pacto de nuestra existencia. Tu ríes, y yo
he de decirlo: hueles a vida, y sabes a miel.