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miércoles, 21 de octubre de 2015
Tus hombros
Me gustan tus hombros porque están hechos de piel de ti. Son una capa de seda que buscan caricias, que llaman a mis besos. Me gustan tus hombros y bajar y subir por ellos. Tan delicados de carne tierna, deliciosos desde tus manos, exquisitos hasta tu cuello. Es esa zona de tu cuerpo como las nubes; el mejor vestíbulo, tan lejos del mundo, tan cerca de todo. Mi cielo, tiernos y suaves, de piel y carne de ti.
sábado, 3 de octubre de 2015
Desierto y sabana
Pasé toda la noche mirándola, simplemente viéndola respirar y dialogando con su respiración. Era tan rica despierta como dormida. En aquel momento se acababa de dar la vuelta y su pechos de caramelo ya no me apuntaban curiosos, ni su semblante sonriente de ninfa traviesa amenazaba con darme la vida eterna. Ahora de espaldas, con los brazos ocultos tras su cuerpo y la sábana por la cintura, yo tenía otra perspectiva de su monumento. Ahora su cuerpo desnudo me recordaba a la sabana, o tal vez al desierto, un desierto ondulante y siempre en cambio. Ahora deslizaba la vista por el mirador de su nuca y caía por todas las dunas de su cuerpo, notándola existir, latiendo viva, dibujándola con los ojos, amándola sin querer, sabiendo que era ella, la estrella con los ojos color miel, más brillante que había dormido en mi cama.
miércoles, 30 de septiembre de 2015
Rozarte
Mágico y doloroso. Como un rayo que te parte por la mitad para luego descubrir que sigues vivo. Esa descarga eléctrica que te sube y baja del cielo. Es tan solo rozarte y explota mi mundo, el único en el que habito, el único que tengo. Todo se reduce a ese incómodo y placentero escalofrío, a esa lluvia de hormigas que me recorre todo el cuerpo. Así, sintiendo ese salvaje y brutal torbellino, doblándome por la mitad y recomponiéndome.
domingo, 29 de marzo de 2015
Tu mar de lunares
Si vas a matarme hazlo ya.
Lo último que quiero ver son tus labios rojos. Quiero sentir como esa cicuta de carne femenina se funde con los míos antes de perderte para siempre.
Quiero irme después de haber recorrido todos tus lunares. Quiero llevármelos en la retina y llevármelos en la boca. Entregarme a ti mientras me matas con tus manos mapeando mi cuerpo. Y yo a su ves el tuyo, intentando zafarme en vano de tus caricias.
Entonces tal vez yo contraataque. Tal vez me atreva a enfrentarme a tu forma de hacerme vivir. Necesito que en esta suerte de placentera agonía seas tú la que acabe conmigo. La que hagas que me vaya, ahogado en tu mar de lunares.
Lo último que quiero ver son tus labios rojos. Quiero sentir como esa cicuta de carne femenina se funde con los míos antes de perderte para siempre.
Quiero irme después de haber recorrido todos tus lunares. Quiero llevármelos en la retina y llevármelos en la boca. Entregarme a ti mientras me matas con tus manos mapeando mi cuerpo. Y yo a su ves el tuyo, intentando zafarme en vano de tus caricias.
Entonces tal vez yo contraataque. Tal vez me atreva a enfrentarme a tu forma de hacerme vivir. Necesito que en esta suerte de placentera agonía seas tú la que acabe conmigo. La que hagas que me vaya, ahogado en tu mar de lunares.
viernes, 20 de marzo de 2015
Nostalgia
Nostalgia del invierno,
nostalgia de ti.
Nostalgia de tu calor,
de tu corazón helado,
de tus "me quieres",
de tus "no valgo nada".
Carámbano de hielo,
despiadada mujer,
fría y malvada.
Siento nostalgia de ti,
de tus palabras de arpía,
de tus labios rojos,
de tu cuerpo cálido.
Nostalgia de invierno,
de frío, de viento,
del fuego de tu pecho,
de ti,
del edén de tu centro...
miércoles, 11 de marzo de 2015
Mi morena
A
mi morena la querría
aunque
fuese rubia.
A
mi morena la querría
de
todos los colores
y
de todas las maneras.
Me
encanta el contraste
de
su pelo con su piel.
Disfruto
como un niño
comparando
las distintas
tonalidades
de su cuerpo
allí
donde cae su cabellera.
Me
gusta por perfecta
y
me gusta por morena.
Es
mi morena
de
ojos de miel
y
labios de caramelo.
Es
ese manjar salvaje,
de
lluvia, hojas y madera.
viernes, 27 de febrero de 2015
Oda a mi pluma
Es fría
y maravillosa como tú. Su rectitud me recuerda a tus labios. Yo la
tomo entre mis manos y siento como el calor de tu piel pasa a mis
dedos. Cuando estamos a solas construimos fantasías. Por ejemplo,
yo la tomo suavemente y los dos nos deslizamos rozando las sábanas y
tatuando de azul el papel. A veces, cuando ella descansa yo te sigo
soñando en sueños de tinta y carne. Yo la guardo como guardo tus
besos, como abrazo tu cuerpo, frío, recto, y de plata.
jueves, 26 de febrero de 2015
Patriota de ti
Soy
patriota de ti porque mi patria eres tú. Tu cuerpo es esa tierra que
siento mía cuando quedo huérfano de todo, cuando busco refugio,
cuando el día termina y hace frío y se hielan mis manos. Yo en las
tuyas veo el inicio de la tierra que amo, en tus ojos encuentro la
bandera de mi patria, y en tu boca los ríos que bañan mis campos.
Yo que soy patriota de ti, me declaro soldado de tus besos, esclavo
de tus abrazos.
martes, 24 de febrero de 2015
Olor a mujer
Se
levantó y se fue. Siempre hacía lo mismo. Era maldita y misteriosa.
A mí me gustaba pasar largos minutos a su lado, sentir como el calor
la abandonaba y como poco a poco su cuerpo iba adquiriendo esa
tibieza sublime. Pero ella después siempre quería volar libre. Se
iba, se marchaba, y me dejaba un espacio vacío en el pecho, y las
sábanas oliendo a mujer.
lunes, 23 de febrero de 2015
Yo ya no seré
Cuando leas esto serás feliz y yo ya
no seré. Es extraño, hasta que no ocurren ciertas cosas no se
comprende que es la vida. Ahora sé que mi vida eras tú, y ahora que
tú no puedes ser, mi vida ya no es.
Resulta paradójico, tu felicidad
consumada ligada al destino de otro que no soy yo. Debería de estar
contento, supongo. Pero también debería estar abatido.
Tal vez lo que más duela sea saber que
tu cuerpo arderá lejos de mí, que otro probará tu sabor a fuego, y
te verá agitarte como un volcán. Mientras tanto yo ya no seré. Tal
vez tras el umbral te encuentre, tal vez te ame incluso más. Lejos,
muy lejos de ti, en otro yo, te guardaré para siempre en la estancia
más luminosa de mi alma desdichada.
Así te dejo, amor, así te dejo; yo
tengo una existencia por concluir y tú toda una vida por disfrutar.
Te dejo todo el amor que a ti te sobra, y estas humildes letras
solitarias. Me voy sabiendo que serás de otro, que será otro quien
conozca tu centro, y quien pose sus labios en los momentos más
íntimos en la suave piel de tus pechos.
Eternamente tuyo, te mando mil besos,
mil besos como mil hormiguitas traviesas recorriendo tu cuello...
sábado, 10 de enero de 2015
Así como eres
Te quiero princesa, y no me hace falta más. Ayer te vi llegar igual que la noche ve llegar a las estrellas. Estabas espléndida.
Me acordé de la primera vez que tus ojos se cruzaron con los míos, y de todas las noches de insomnio que le hemos regalado a nuestros cuerpos.
No necesito más que un poco de ti cada día; nuestras rutinas de caricias y el cotidiano deleite de tu presencia. Así somos perfectos complementos el uno del otro.
Te quiero así como eres princesa, y no me hace falta más.
Me acordé de la primera vez que tus ojos se cruzaron con los míos, y de todas las noches de insomnio que le hemos regalado a nuestros cuerpos.
No necesito más que un poco de ti cada día; nuestras rutinas de caricias y el cotidiano deleite de tu presencia. Así somos perfectos complementos el uno del otro.
Te quiero así como eres princesa, y no me hace falta más.
viernes, 14 de noviembre de 2014
Piernas de mármol
Cuántas veces habré ido y vuelto de ese cuerpo. De esas piernas de mármol y de ese centro infinito. Me gusta olvidar nuestros nombres mientras nos fundimos. Saber que en alguna parte de mí empiezas tú, y que tú acabas justo donde empiezo yo. Ir y volver de ti me recuerda a nosotros, a dos segundos de amor y a toda una eternidad de amargura. Eres de mármol, toda, entera; con suaves betas de indolente frialdad. Cuántas veces habré ido y vuelto de esas piernas de mármol y de ese centro infinito.
martes, 4 de noviembre de 2014
Tormentas y calmas.
Me gustan las páginas amarillas y tus ojos marrones; tu piel blanca, blanquísima, y tu pelo oscuro, oscuro. Sí, me gusta todo. Me gustas cuando estás callada y yo leo a tu lado, y tú sólo respiras, respiras y respiras. También cuando duermes y yo observo fascinado tu sueño; en silencio, siempre en silencio. Me gusta encontrar tu cuerpo entre un mar de sábanas. El deleite de mis dedos navegando sobre tu piel en calma. Y las tormentas... sí, las tormentas y las calmas.
miércoles, 29 de octubre de 2014
Tarde de ti
¿Sabes qué me gusta? Las tardes de ti. Perder el tiempo y ver como pasan las nubes y las horas imaginando que estás tumbada a mi lado. Me gustan las tarde de ti y burlarme del tiempo, tu pelo en mi cara y tu cuerpo latiendo junto a mi cuerpo.
domingo, 19 de octubre de 2014
Mujer de papel
Tú eres mi mujer
de papel.
Yo tallo poesías y versos
que se encadenan
a tu cuerpo
lívido y blanco.
Eres un mundo
liso y suave,
lleno de líneas y rincones
repletos de halagos
negros y azules.
Te amo y me pierdo
en cada camino
que te recorre.
Tú, mujer de papel
contigo lleno mundos,
negro sobre blanco.
martes, 7 de octubre de 2014
A tu cuerpo le gustan mis manos...
A tu cuerpo le gustan mis manos.
No lo niegues, lo sé.
Lo sé desde la primera vez que te toqué.
Tus caminos tienen algo magnético,
algo que llama a las yemas de mis dedos.
Yo los suelto y los dejo
que se diviertan como niños traviesos.
Tu disfrutas cuando se inventan nuevas caricias,
y yo cuando descubren un nuevo rincón de tu cuerpo.
lunes, 6 de octubre de 2014
Anatomía de un recorrido
Me gustas de abajo a arriba. Siempre de abajo a arriba, en ese orden, empezando por
los pies.
Reviso dedito a dedito, desde los más pequeños a los más grandes. Los quiero a todos
por igual, y ellos adoran jugar conmigo. Después voy a los tobillos, dos nudos pequeños y
recios, esas dos bolitas de hueso. Examino a conciencia toda su lisa superficie, y cuando he
terminado, sigo subiendo. Ahora vienen las rodillas. Me suelo entretener bastante en el
espacio inmediatamente inferior, e inmediatamente superior a éstas. Todo eso que
conforman tus piernas, entre los talones y los muslos. Estos últimos son una delicia, gentiles
y agradecidos a todas mis caricias.
Ahora bien, llegados a este punto, nada se compara con tu centro. Tu ombligo me
señala el camino y me recuerda que sigo vivo. Más abajo, encuentro la paz. Es el inicio de
ti, de mí, y de todo lo que alguna vez fue pensado o hecho. Paso sin prisa por tu centro;
cálido, acogedor, reconfortante. En esas latitudes nunca olvido tu revés, que me recuerda a
tus muslos. La naturaleza ha querido diseñar esa parte de ti con especial cuidado, tomando
como modelo la forma perfecta de tus caderas.
Me traslado ya al otro hemisferio, más al norte, pero sobre la misma masa cálida
incandescente.
Tu vientre es un mundo. Liso, suave, alto, profundo.Vivo y sueño en él. Mis labios se
conocen todas las rutas que lo surcan. En ocasiones recorren, varias veces, arriba y abajo,
todos esos caminos.
A los costados penden de ti dos miembros alargados que terminan en unas manos de
terciopelo y unos finos dedos juguetones, que se empeñan en enredarse en los míos. Desde
tus pulidas uñas de nácar subo y subo, deslizándome sobre tu piel con la yema de mis dedos.
En las alturas, tus hombros son un manantial. Mis labios, no sé porqué, tienen
predilección por esa grácil capa de piel que los cubre, que parece derretirse bajo mis besos.
Y siguiendo el itinerario, camino centímetro a centímetro; mejor, milímetro a milímetro
hasta ese enclave de ensueño.
En tu cuello he muerto miles de veces. Me encanta ver como se tensa, como se relaja,
y como se estremece. Guarda tantos secretos y placeres que me cuesta horrores
desprenderme de él. Para autocomplacerme, todo mi ser se vuelca largo tiempo en esa
maravillosa franja.
Entonces vuelvo sobre mis pasos, tomando una ruta distinta. Me dirijo hasta ese
hoyuelo caprichoso donde nace tu cuello. Lo exploro y sigo fugaz hacia abajo. Tus tesoros
rosados son dos pedazitos de cielo. Siento que mis manos son demasiado vulgares para
tocarlos. Me conformo con su visión, y con la textura que siento en los labios cuando llego a
la cúspide. Conquisto esas cimas todas las veces que puedo. A veces resbalo, y la caída se
me hace deliciosa, infinita... Tus dos tesoros rosados palpitan, se hinchan y me llaman. Me
comunico con ellos en un lenguaje secreto, casi mágico. Mis dedos atrevidos se escabullen y
quebrantan la calma de éstas, tus dos joyas. No los sanciono. ¿Quién no se conmueve antes
tus tesoros rosados?
Al final del camino está la ambrosía. Es algo magnético. Tus labios llaman a mis
labios. Algo más grande que tú que yo se produce entre ellos. Yo no digo nada, y tú
tampoco. Somos víctimas de cuatro líneas de carne que se aman infinitamente. De repente,
el hechizo se rompe, descubrimos que existimos, y mis ojos se pierden en tus ojos. La
sensación es de un ensueño cuando me sumerjo.
Como organismos independientes, mis manos mapean tu espalda y testan la suavidad
de cada hebra de tu cabello. Cual violín de mujer, mis dedos se mueven imitando el experto
que no soy y tratan de arrancarte algunas notas. Simulo un mordisco en la apetecible
prolongación de ti misma que cuelga de tu oreja y dejo que mi lengua se cobre su parte.
Nariz con nariz como dos esquimales sellamos el pacto de nuestra existencia. Tu ríes, y yo
he de decirlo: hueles a vida, y sabes a miel.
los pies.
Reviso dedito a dedito, desde los más pequeños a los más grandes. Los quiero a todos
por igual, y ellos adoran jugar conmigo. Después voy a los tobillos, dos nudos pequeños y
recios, esas dos bolitas de hueso. Examino a conciencia toda su lisa superficie, y cuando he
terminado, sigo subiendo. Ahora vienen las rodillas. Me suelo entretener bastante en el
espacio inmediatamente inferior, e inmediatamente superior a éstas. Todo eso que
conforman tus piernas, entre los talones y los muslos. Estos últimos son una delicia, gentiles
y agradecidos a todas mis caricias.
Ahora bien, llegados a este punto, nada se compara con tu centro. Tu ombligo me
señala el camino y me recuerda que sigo vivo. Más abajo, encuentro la paz. Es el inicio de
ti, de mí, y de todo lo que alguna vez fue pensado o hecho. Paso sin prisa por tu centro;
cálido, acogedor, reconfortante. En esas latitudes nunca olvido tu revés, que me recuerda a
tus muslos. La naturaleza ha querido diseñar esa parte de ti con especial cuidado, tomando
como modelo la forma perfecta de tus caderas.
Me traslado ya al otro hemisferio, más al norte, pero sobre la misma masa cálida
incandescente.
Tu vientre es un mundo. Liso, suave, alto, profundo.Vivo y sueño en él. Mis labios se
conocen todas las rutas que lo surcan. En ocasiones recorren, varias veces, arriba y abajo,
todos esos caminos.
A los costados penden de ti dos miembros alargados que terminan en unas manos de
terciopelo y unos finos dedos juguetones, que se empeñan en enredarse en los míos. Desde
tus pulidas uñas de nácar subo y subo, deslizándome sobre tu piel con la yema de mis dedos.
En las alturas, tus hombros son un manantial. Mis labios, no sé porqué, tienen
predilección por esa grácil capa de piel que los cubre, que parece derretirse bajo mis besos.
Y siguiendo el itinerario, camino centímetro a centímetro; mejor, milímetro a milímetro
hasta ese enclave de ensueño.
En tu cuello he muerto miles de veces. Me encanta ver como se tensa, como se relaja,
y como se estremece. Guarda tantos secretos y placeres que me cuesta horrores
desprenderme de él. Para autocomplacerme, todo mi ser se vuelca largo tiempo en esa
maravillosa franja.
Entonces vuelvo sobre mis pasos, tomando una ruta distinta. Me dirijo hasta ese
hoyuelo caprichoso donde nace tu cuello. Lo exploro y sigo fugaz hacia abajo. Tus tesoros
rosados son dos pedazitos de cielo. Siento que mis manos son demasiado vulgares para
tocarlos. Me conformo con su visión, y con la textura que siento en los labios cuando llego a
la cúspide. Conquisto esas cimas todas las veces que puedo. A veces resbalo, y la caída se
me hace deliciosa, infinita... Tus dos tesoros rosados palpitan, se hinchan y me llaman. Me
comunico con ellos en un lenguaje secreto, casi mágico. Mis dedos atrevidos se escabullen y
quebrantan la calma de éstas, tus dos joyas. No los sanciono. ¿Quién no se conmueve antes
tus tesoros rosados?
Al final del camino está la ambrosía. Es algo magnético. Tus labios llaman a mis
labios. Algo más grande que tú que yo se produce entre ellos. Yo no digo nada, y tú
tampoco. Somos víctimas de cuatro líneas de carne que se aman infinitamente. De repente,
el hechizo se rompe, descubrimos que existimos, y mis ojos se pierden en tus ojos. La
sensación es de un ensueño cuando me sumerjo.
Como organismos independientes, mis manos mapean tu espalda y testan la suavidad
de cada hebra de tu cabello. Cual violín de mujer, mis dedos se mueven imitando el experto
que no soy y tratan de arrancarte algunas notas. Simulo un mordisco en la apetecible
prolongación de ti misma que cuelga de tu oreja y dejo que mi lengua se cobre su parte.
Nariz con nariz como dos esquimales sellamos el pacto de nuestra existencia. Tu ríes, y yo
he de decirlo: hueles a vida, y sabes a miel.
domingo, 5 de octubre de 2014
¿Cómo hacerle el amor a una diosa?
Hoy
he vuelto a ser un imbécil. Me acordé de tu sonrisa, de tus ojos...
y antes de todo eso, me acordé de tus muslos. Eres maldita, y por
eso creo que me gustas tanto. ¡Si supieras que todavía te escribo!
Sí que lo sabes. Como sé que de vez en cuando te acuerdas de mí, ¡cómo no
hacerlo! Y de vez en cuando yo hecho de menos tus brazos, tus brazos
y todo tu cuerpo caliente.
Eras
tan sublime que hacerte el amor parecía algo vulgar, grosero,
terrenal... ¿Cómo hacerle el amor a una diosa? Sabías a fuego, lo
recuerdo; y supongo que te seguirás agitando como un volcán. Te
deseo de manera egoísta, vil, malvada. Te deseo toda, y toda para
siempre. Llevas el nombre de la perdición. Eres maldita, y por eso
te amo tanto todavía.
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