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sábado, 3 de octubre de 2015

Desierto y sabana

Pasé toda la noche mirándola, simplemente viéndola respirar y dialogando con su respiración. Era tan rica despierta como dormida. En aquel momento se acababa de dar la vuelta y su pechos de caramelo ya no me apuntaban curiosos, ni su semblante sonriente de ninfa traviesa amenazaba con darme la vida eterna. Ahora de espaldas, con los brazos ocultos tras su cuerpo y la sábana por la cintura, yo tenía otra perspectiva de su monumento. Ahora su cuerpo desnudo me recordaba a la sabana, o tal vez al desierto, un desierto ondulante y siempre en cambio. Ahora deslizaba la vista por el mirador de su nuca y caía por todas las dunas de su cuerpo, notándola existir, latiendo viva, dibujándola con los ojos, amándola sin querer, sabiendo que era ella, la estrella con los ojos color miel, más brillante que había dormido en mi cama.

lunes, 23 de febrero de 2015

Yo ya no seré

Cuando leas esto serás feliz y yo ya no seré. Es extraño, hasta que no ocurren ciertas cosas no se comprende que es la vida. Ahora sé que mi vida eras tú, y ahora que tú no puedes ser, mi vida ya no es.

Resulta paradójico, tu felicidad consumada ligada al destino de otro que no soy yo. Debería de estar contento, supongo. Pero también debería estar abatido.

Tal vez lo que más duela sea saber que tu cuerpo arderá lejos de mí, que otro probará tu sabor a fuego, y te verá agitarte como un volcán. Mientras tanto yo ya no seré. Tal vez tras el umbral te encuentre, tal vez te ame incluso más. Lejos, muy lejos de ti, en otro yo, te guardaré para siempre en la estancia más luminosa de mi alma desdichada.

Así te dejo, amor, así te dejo; yo tengo una existencia por concluir y tú toda una vida por disfrutar. Te dejo todo el amor que a ti te sobra, y estas humildes letras solitarias. Me voy sabiendo que serás de otro, que será otro quien conozca tu centro, y quien pose sus labios en los momentos más íntimos en la suave piel de tus pechos.

Eternamente tuyo, te mando mil besos, mil besos como mil hormiguitas traviesas recorriendo tu cuello...