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miércoles, 7 de octubre de 2015

Las cosas que importan

Dónde queda todo cuando la ves llegar con su pelo suelto o con su pelo recogido, o como sea; cuando está allí y te mira, o te dice unas pocas palabras acompañadas de una sonrisa. Entonces la vida adquiere otro sentido, uno que hasta ese momento desconocías. En ese momento te das cuenta de que lo pequeño que es el mundo porque está lleno de cosas vacías.

Qué puede importar el dinero que tengas en ese momento en el bolsillo, el que vayas a ganar, o el que ganaste y perdiste. Qué puede importar si en un solo instante una persona aparece y te desarma, y desbarata de arriba a abajo todo tu mundo. Es entonces cuando abres por fin los ojos y compruebas que las cosas no son como pensabas que eran, que todo lo que te habían explicado, que todo lo que habías visto hasta ahora estaba equivocado. Que el hecho de que haga calor o frío, que te funcione o no el coche, que tener trabajo o no tenerlo, que tener dinero o no tenerlo, que todas esas pequeñeces sociales y humanas no tienen tanto peso, porque ya nada de eso te llena ni te duele, porque existe un único ser al que sólo necesitas ver o recordar para que todos los millares de minucias del mundo se reduzcan a cero. 

Es en ese momento cuando te desembarazas de todas las cadenas que te ataban a este mundo gris y bajo, a esta caótica existencia de vaivenes, de prisas y carreras hacia ninguna parte; cuando te das cuenta de que la vida es mucho más que lo que se toca y se ve, que lo que se paga, se compra y se vende, que lo que se come o se utiliza. Que eres rico, tremendamente rico porque amas, y no todos pueden decir lo mismo, porque sientes, porque no importa si el mundo se para de repente y lo pierdes todo; porque sabes que cuando vuelvas a verla llegar con su pelo suelto, o recogido, o como sea, sabes que en ese preciso instante se reseteará el universo, y ya no importará todo lo anterior, y todos tus pesares, triunfos, decepciones, ganancias, perdidas y alegrías materiales y cotidianas no importarán, porque vivir no era lo que te había contado, vivir era otra cosa.

lunes, 21 de septiembre de 2015

La ves

... y entonces te giras sabiendo que sí, pero que no debes, que no debes, pero que lo necesitas. Y te giras. La ves llegar con ese pelo suelto, con ese moño estrafalario, con esa trenza imposible, o con lo que sea que lleve o que tenga y que te vuelve loco. Y te saluda con esa voz que siempre será presagio de vida, augurio de ella; y te sonríe con una de esas sonrisas de las que lo saben todo, una de esas sonrisas de la parte más sincera y pícara de su ser. Y entonces en un segundo desaparece y lo has perdido todo, y se ha ido, dejándote huérfano de ti mismo, regocijado, hundido, muerto y complacido al mismo tiempo; sabiendo que ya no está, que acaba de perderse, y que todo tú y todo ella habéis sido en un sólo instante.

Por qué me gustas

Me gustas tú en toda tu completa existencia, 
tú en cada gesto, tú en cada pelo, tú en cada sílaba, 
tú en cada mirada. Tú etérea y entera toda tú, 
como si fueras una parte indivisible del cosmos.
Por eso a mí me gustas tú y no otra, 
porque si fueses otra no me gustarías, 
porque me gustas demasiado 
como para no gustarme, 
porque te quiero demasiado 
para que me pueda gustar otra
que no seas tú.



sábado, 12 de septiembre de 2015

Impaciente de ti

Impaciente de ti,
de tus ojos,
 de tu boca,
de tu nariz,
de tu pelo,
de esa forma
en la que te mueves,
de tu voz,
de tus palabras,
de tu forma de hablar.

 Impaciente de ti,
de todo lo que me gustas,
de esperarte,
de irme, no verte,
volver, verte,
perderme, perderte,
y volverte a encontrar;
impaciente,
loco,
adepto de tu sonrisa,
perfume de caramelo,
ojos de almendra,
fanático de ti.


jueves, 30 de julio de 2015

La del pelo suelto



Una que llevaba el pelo suelto, una de esas que parece que flotan o que no se sabe de que forma pasan ante ti deslizándose, como si no fueran a ninguna parte y estuviesen allí, etéreas y vaporosa. Así era la chica del pelo suelto. Yo creo que ella misma se desconocía, que no sabía del poder de sus ojos, de la claridad de su mirada. Pasó y se fue, simplemente pasó y se fue con su pelo suelto y largo, como pasan las cosas fugaces e inesperadas, como un suspiro inconsciente.

Y así se perdió entre los otros que no eran como ella, dejando su estela de ninfa, su perfume de mujer, y su sonrisa de niña.

miércoles, 1 de abril de 2015

Demasiado imperfecto

Mi ninfa tierna, donde estarás. Recuerdo que eras de nata, de nata y suave, y dulce, y clara. Yo recorría tu piel como las nubes recorren el cielo. Qué felices hubiésemos sido...
Yo era demasiado imperfecto.

Ahora imagino que otro encontrará tus labios finos en la oscuridad, te tomará de la mano y te robará sonrisas de fresa. Tú le harás caricias, él jugará con tu pelo... Mientras yo te escribo.

Yo era demasiado imperfecto.

Yo solo quería mirarte a los ojos y pasar dos segundos a solas contigo. Nunca sabremos cuanto te hubiese querido.

Ahora eres lejanía, lejanía y desengaño. Yo no me atreví a mirarte a los ojos cuando estuve a solas contigo. Yo, que era simple, normal, mundano, y cobarde a tu lado; me detuve en la perfecta configuración de tus labios. Y después, soñé más abajo, donde mi piel con tu piel se hacía sublime, allí, en aquel valle cálido...

miércoles, 11 de marzo de 2015

Mi morena

A mi morena la querría
aunque fuese rubia.
A mi morena la querría
de todos los colores
y de todas las maneras.

Me encanta el contraste
de su pelo con su piel.
Disfruto como un niño
comparando las distintas
tonalidades de su cuerpo
allí donde cae su cabellera.

Me gusta por perfecta
y me gusta por morena.
Es mi morena
de ojos de miel
y labios de caramelo.
Es ese manjar salvaje,
de lluvia, hojas y madera.

viernes, 6 de febrero de 2015

En la galería...

La tonalidad de su pelo era mil veces más majestuosa que los colores con que Monet pintó el cuadro que tiene delante.

Es toda luz, y temo que si me acerco un poco más vaya a desaparecer ante mis ojos. Intento no mirarla. Me giro hacia al Renoir que tengo a mi derecha, pero me vuelvo otra vez hacia ella. No soy mas que un vil trozo de metal y ella un imán de piel, carne, y magia.

Sus hombros son la mayor obra de arte que hay en la galería. Mi mirada se desliza por sus brazos y se detiene en la punta de sus dedos, diez exquisitas piezas de celestial calidez humana.

Jamás existió un ser más sublime visto de espaldas.


martes, 4 de noviembre de 2014

Tormentas y calmas.

Me gustan las páginas amarillas y tus ojos marrones; tu piel blanca, blanquísima, y tu pelo oscuro, oscuro. Sí, me gusta todo. Me gustas cuando estás callada y yo leo a tu lado, y tú sólo respiras, respiras y respiras. También cuando duermes y yo observo fascinado tu sueño; en silencio, siempre en silencio. Me gusta encontrar tu cuerpo entre un mar de sábanas. El deleite de mis dedos navegando sobre tu piel en calma. Y las tormentas... sí, las tormentas y las calmas.