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jueves, 19 de noviembre de 2015

Rayito de noviembre

Rayito de noviembre
Cómo rompes el mediodía.
Yo me creo morir
cuando me miras.
Cálida muchacha castaña,
no sabes que me regalas
el mundo cada vez
que tus ojos hacia mí
se giran.

Cómo me sabes a abril
maravilla acaramelada,
si yo supiese cuanto 
vale la eternidad
te la compraba.

Todo, nada.

Qué me importará a mí. Qué me importará que sea estúpido, que no tenga sentido, absurdo y gratuito. Qué me importará si no me hace falta más, si no necesito más, qué importará lo que me digan, qué sabrán ellos de todo lo que te amo, qué sabrán ellos de toda esta locura. Qué sabrán, cómo puede saberse. Cómo se puede pretender conocer lo ilógico, lo inalcanzable, eso que te recorre por dentro y te abrasa las entrañas. Qué importará que nada sirva de nada, que importará lo maravillosamente estúpido que sea todo, qué importa si cuando te miro ya puede acabarse ahí el mundo. Con todo lo que te amo, que puede importarme que no me ames.

martes, 10 de noviembre de 2015

Yo vengo sólo por verte

Niña,
mañana yo
vuelvo aquí
sólo por verte.
aunque no me
hables, aunque ni
me mires,
qué importa.

Pero niña,
mañana ten
seguro que vuelvo.
Mañana estaré
aquí, esperando
a que aparezcas,
con tu carita
de muchacha
mágica.

Como hoy,
me encontrarás aquí,
boquita de fresa.
Quién sabe
qué pasará
si adviertes
mi presencia;
a lo mejor
nos besamos,
a lo peor ni
nos vemos.

miércoles, 7 de octubre de 2015

Las cosas que importan

Dónde queda todo cuando la ves llegar con su pelo suelto o con su pelo recogido, o como sea; cuando está allí y te mira, o te dice unas pocas palabras acompañadas de una sonrisa. Entonces la vida adquiere otro sentido, uno que hasta ese momento desconocías. En ese momento te das cuenta de que lo pequeño que es el mundo porque está lleno de cosas vacías.

Qué puede importar el dinero que tengas en ese momento en el bolsillo, el que vayas a ganar, o el que ganaste y perdiste. Qué puede importar si en un solo instante una persona aparece y te desarma, y desbarata de arriba a abajo todo tu mundo. Es entonces cuando abres por fin los ojos y compruebas que las cosas no son como pensabas que eran, que todo lo que te habían explicado, que todo lo que habías visto hasta ahora estaba equivocado. Que el hecho de que haga calor o frío, que te funcione o no el coche, que tener trabajo o no tenerlo, que tener dinero o no tenerlo, que todas esas pequeñeces sociales y humanas no tienen tanto peso, porque ya nada de eso te llena ni te duele, porque existe un único ser al que sólo necesitas ver o recordar para que todos los millares de minucias del mundo se reduzcan a cero. 

Es en ese momento cuando te desembarazas de todas las cadenas que te ataban a este mundo gris y bajo, a esta caótica existencia de vaivenes, de prisas y carreras hacia ninguna parte; cuando te das cuenta de que la vida es mucho más que lo que se toca y se ve, que lo que se paga, se compra y se vende, que lo que se come o se utiliza. Que eres rico, tremendamente rico porque amas, y no todos pueden decir lo mismo, porque sientes, porque no importa si el mundo se para de repente y lo pierdes todo; porque sabes que cuando vuelvas a verla llegar con su pelo suelto, o recogido, o como sea, sabes que en ese preciso instante se reseteará el universo, y ya no importará todo lo anterior, y todos tus pesares, triunfos, decepciones, ganancias, perdidas y alegrías materiales y cotidianas no importarán, porque vivir no era lo que te había contado, vivir era otra cosa.

sábado, 3 de octubre de 2015

Desierto y sabana

Pasé toda la noche mirándola, simplemente viéndola respirar y dialogando con su respiración. Era tan rica despierta como dormida. En aquel momento se acababa de dar la vuelta y su pechos de caramelo ya no me apuntaban curiosos, ni su semblante sonriente de ninfa traviesa amenazaba con darme la vida eterna. Ahora de espaldas, con los brazos ocultos tras su cuerpo y la sábana por la cintura, yo tenía otra perspectiva de su monumento. Ahora su cuerpo desnudo me recordaba a la sabana, o tal vez al desierto, un desierto ondulante y siempre en cambio. Ahora deslizaba la vista por el mirador de su nuca y caía por todas las dunas de su cuerpo, notándola existir, latiendo viva, dibujándola con los ojos, amándola sin querer, sabiendo que era ella, la estrella con los ojos color miel, más brillante que había dormido en mi cama.

miércoles, 16 de septiembre de 2015

Quién

Quién te mira,
quién te siente,
quién te oye,
quién de ti
se embriaga,
quién te piensa,
quién te tiene,
dime niña,
quién no te ama.

domingo, 31 de mayo de 2015

Tacones

El tiempo no pasa cuando te veo llegar con esos tacones negros. Entonces me detengo en toda la excelencia femenina de tu contorno, y me pregunto si eres real, de carne y piel, o si eres una suerte de nebulosa de magia que ha tomado forma humana.

Demasiado mortal para decir nada, me aparto y te dejo pasar fingiendo no mirarte. Pero mi mirada cae presa de ese vestido oscuro, y mis ojos traviesos recorren el sinuoso camino desde tu cadera a tus hombros. Entre medias descubro que no podrías ser más perfecta. La claridad de tu piel contrasta con tu cabello azabache, y tus ojos, pozos de incautos, tienen ese color almendra que termina de cubrirte de excelencia.

Yo mientras tanto, pobre mortal, sueño que te pregunto tu nombre y que éste me suena a vainilla y cerezas.

Y así te alejas. Te alejas y tu contoneo hipnótico, seductor y malicioso se burla de mí desde la distancia. Yo, que nada puedo hacer, me quedo como una estrella solitaria cuando amanece, esperando a que vuelvas a iluminar mi alma opaca con esa luz que regalas, esperando volver a encontrarte sobre esos tacones negros.

domingo, 29 de marzo de 2015

Tu canalla

-¿Qué haces?

-Te miro.

-¿Por qué?

-¿Qué pasa, no puedo mirarte?

-¿A qué viene esa sonrisa?

-Tú también sonríes...

-Sí, pero el que me miras eres tú.

-¿Y qué? Te miro porque me gustas.

-¿Y por qué sonríes?

-No sé, tal vez porque te amo.

-¿Y por eso sonríes de esa forma?

-Sí.

-Eres un idiota.

-Sí, tal vez... puede que lo sea.

-¿Siempre te vas a quedar así después de que hagamos el amor?

-¿Acaso no puedo?

-¡Ey, no te rías!

-¿Y tú porqué te acercas?

-Yo no me acerco. Eres tú el que quiere besarme.

-Yo no quiero besarte.

-¡No seas mentiroso!

-Lo estás deseando desde que abriste los ojos.

-¿Y cómo estás tan seguro?

-Porque desde aquí se te escucha el corazón.

-¡Qué gracioso! Te ha quedado muy poético, ¿sabes? Pero he escuchado mucho mejores.

-¡Qué presumida eres!

-Y tú que canalla.

-Tu canalla.

-Eso es lo que tu quisieras.

-Princesa, eso es lo que los dos queremos.