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martes, 10 de noviembre de 2015

De plástico

Un poco de poesía
para este mundo
de plástico,
para tanto acero
y tanto infeliz,
y sonrisas vacías.

Poesías que rellenen
los huecos de los
edulcorantes falsos.
Poesía contra
la polución y 
las prisas.
Poesía para
salvarnos del
mundo.

Las manzanas
de fibra ya no
son verdes.
Ahora todo
sabe a cartón.

¡Qué será de
nosotros en este
mundo de plástico,
si no te escribo,
si no te añoro,
si no me abrazas,
si no te pienso,
si no nos amamos!

lunes, 12 de octubre de 2015

Breve receta para escribirte

Yo para escribirte necesito saber de ti, estar en ti, entrar en ti. Si no se hace extraño, es como saberte entre fuego y agua. Para escribirte hace falta palparte el alma, sumergirse en esa inmensidad tan íntima y secreta tuya. Escribirte es sacarme a racimos el corazón del pecho. Escribirte es adentrarme en el abismo, es abrazar el caos, es renunciar a la cordura, es hacer del fuego hielo, es buscar la dicha en un desvarío. Así, trinchera de la vida, bálsamo y castigo, así de desnudo estoy yo cuando te escribo.

lunes, 5 de octubre de 2015

Es fácil

—¿Te veré mañana?

—No lo sé.

—¿No lo sabes?

—No.

—¿Y yo qué hago?

—No sé. También podemos vernos otra vez otro día.

—No, tiene que ser mañana.

—¿Por qué?

—Porque necesito verte todos los días.

—Bueno... no siempre se puede.

—¿Por qué sonríes?

—No sonrío.

—Sí lo haces. ¿Ves? Lo has vuelto a hacer... ¿Qué pasa si te digo que me encanta esa sonrisa?

—Nada.

—¿No pasa nada?

—No.

—Es posible, pero sonríes.

—Claro.

—Tienes una sonrisa de nata.

—Siempre dices esas cosas...

—Porque es la verdad.

—No, porque a ti te encanta inventarlas.

—Sí, es cierto, pero sin ti no podría.

—Están dentro de ti, si no fuese conmigo sería con otra.

—Tal vez... pero has sido tú, y eres tú la que está aquí ahora; de terciopelo como el material de los sueños.

—¡Esa te ha quedado fatal!

—Lo sé...

—No importa.

—¿Algún día me dirás que te gustan las cosas que te escribo? ¿O vas a dejar que siempre lo adivine?

—Me gustan. Me gustan todas.

—Amándote es fácil escribir cualquier cosa.

Las dos partes de ti

Lo que eres y lo que no eres, lo que me das y no me das; así yo disfruto las dos cosas, las dos partes de ti. Esa es la única manera de tenerte toda, de saber que estás, como hoy que necesito de ti, que necesito que aparezcas, de alguna manera, pero que aparezcas. Tú, que no sé si lees los que te escribo, que eres tan brillante como inalcanzable. Hoy, ahora necesito de ti como ayer, como mañana, como siempre que no estás y yo necesito que estés, y que no me faltes. Lo que eres y lo que no, todo lo que me das y dejas de darme. Todo lo que eres lo tomo y lo tengo guardado, saboreando el poco todo de ti que me llega;  tú que eres, existes, y pasas; yo que te tengo, así como yo te amo, así como no me amas.



jueves, 30 de julio de 2015

Uno de mil



Acabo de escribir uno de esos relatos de los que podría escribir mil, de esos en los que escribo: “Princesa, sabes a estrellas regadas de miel.” De esos en los que intento hacer un mundo de cada palabra, o de encerrar un mundo en tres sílabas, escribiendo cosas del tipo: “A mí me gusta cuando te dejas caer junto a mí y parece que el universo se detiene para nosotros.” Uno de esos textos estúpidos que tú ya tomas como una más de mis ocurrencias, igual que las flores sienten caer sobre ellas la lluvia.

Éste, como mil, es otro relato más de catorce palabras de amor y ochenta melancólicas, otro pañuelo más de lágrimas donde te escribo. Otro texto más, otra excusa para encontrarme contigo.

miércoles, 6 de mayo de 2015

¡Se acabó!

Estas son las últimas líneas que me haces escribir. Desde este momento quedas castigada sin versos y sin caricias en el cuello. Ahora tendrás que aprender a vivir sin mis manos y sin mis labios. De aquí en adelante estamos solos, amor. Yo me quedaré con una libreta medio llena, y tú con estas líneas, las últimas que me haces escribir.

jueves, 30 de abril de 2015

Reencuentro

-¿Sabes que te busqué?

-Bueno…

-Pero cuando vi que no contestabas supe que te había perdido… que habíamos perdido el contacto.

-Cambié de mail, simplemente.

-Sí, fue lo que pensé. Podrías…

-¿Qué?

-Podrías habérmelo dicho.

-Sí…, pero en cada uno de tus mensajes veía que sufrías. Seguir en contacto conmigo no hubiese sido bueno para ti.

-Bueno, ahora estamos tomando un café…

-Sí…

-¿Recuerdas aquel día en clase de latín?

-¿Qué día?

-El día en que faltaron todos, hasta la profesora, y estuvimos solos.

-Sí… bueno, creo que sí.

-Me encantaba la clase de latín.

-Lo sé.

-¿Te acuerdas?

-Sí.

-Me encantaba. Me podía sentar a tu lado y ver esa preciosa letra tuya, tan redonda y chiquitita. Qué tonto soy, ¿verdad? Recordando ahora con esta edad algo de hace más de diez años.

-Tal vez deberías desprenderte de esos recuerdos. No creo que sean buenos para ti.

-Es uno de los mejores que tengo de aquellos años. Recuerdo como ibas a clase, los zapatos que llevabas, el estuche que usabas… Y sigues siendo igual de guapa.

-Bueno… ¿Hasta cuando te vas a quedar firmando libros?

-¿Eh? Bueno, aquí solo era hoy. Pero ahora viene la Feria del Libro y estaré en varios sitios.

-Ah, vale…

-¿Cómo encontraste mi libro?

-Vi el anuncio en televisión. Reconocí tu nombre, y me acordé que habías dicho que estabas escribiendo una novela de ese tipo.

-¿Lo has leído?

-¡Claro! Si no no hubiese ido a tu firma.

-Claro… gracias. ¿Te gustó?

-¡Por supuesto! Has trazado una gran trama y te ha salido muy bien. Y el final fantástico, no me lo esperaba. No me extraña que hayan apostado tan fuerte por ti.

-Muchas gracias. Te lo agradezco de verdad. Eres historiadora, así que si a ti te ha gustado tanto puedo darme por satisfecho.

-Tampoco es que sea una gran experta en esa época. Pero está muy bien.

-Cuando te vi llegar no me lo podía creer. A pesar de todos los años que han pasado te reconocí al instante.

-Sí, y yo a ti.

-Bueno, tú tenías ventaja. Sabías que iba a estar ahí.

-Sí, es verdad, pero tampoco has cambiado nada. Incluso estás más joven.

-Bueno, gracias. Aunque no es exactamente así.

-En fin, me alegro de haber vuelto a saber de ti y de que hayas podido cumplir tu sueño. Yo ahora…

-¿Puedo preguntarte una cosa?

-Sí, claro.

-¿Cómo es él?

-¿Quién?

-Él.

-¿Por qué das por hecho que tengo pareja?

-…

-Él no importa en esta conversación.

-Claro… lo siento. Perdona, no quería…

-No tranquilo, no pasa nada.

-¿Volveremos a vernos otra vez?

-No lo sé. No creo.

-Si vuelvo, ¿puedo avisarte...?

-Creo que harías bien en olvidarme. Todo esto te hace daño. Me ha encantado tu novela, y compartir estos minutos contigo, pero no es bueno para ti. No dejes de escribir, lo haces bien.

-Aún te quiero, lo sabes.


-Sigue escribiendo, lo haces bien. Buena suerte.

jueves, 16 de abril de 2015

Volverte a escribir

Estúpido de mí vuelvo a escribirte. Tú, que ya no te acuerdas de mí, que habrás olvidado hasta mis manos...

En mi delirio a menudo imagino como hubiese sido mi vida contigo. Pienso como sería encontrarte despeinada cada mañana. Como sería compartir mi vida con una diosa de ojos oscuros.

Vuelvo a escribirte como el niño que corre asustado a las faldas de su madre, como el vagabundo que no encuentra cobijo, como un pájaro que esquiva la lluvia. Qué tendrán tus mejillas que enloquecen a mis labios. Qué tendrá tu perfume...


Estúpido de mí vuelvo a escribirte. Vuelvo al punto de partida, vuelvo a acostarme en tu pecho, vuelvo a tu boca. Vuelvo a ser quién fui. Ese loco extraño, ese bufón, esa rama quebradiza, ese que te quiso, ese que te quiere, ese de la risa nerviosa, ese al que le quedaban mal todos los trajes. Así me quisiste, así no me quieres. Estúpido de mí que te idolatra. Estúpido de mí que vuelve a escribirte.

domingo, 12 de abril de 2015

Un ángel en un pestañeo

Qué guapa. Y que estúpido yo al escribirle a una desconocida. A mi edad ya no estoy para estas cosas de colegial enamorado. Ni siquiera soy capaz de recordar de que color tenía los ojos. En realidad no lo sé. No lo sé porque no me dio tiempo a vérselos. Quizás marrones. Pienso que ese marrón almendra tan bonito. No la mire a los ojos. ¿Cómo hacerlo? ¿Cómo capturar en un pestañeo a un ángel?

Y ella volando sola

Otra vez solo. Otra vez tú. Así está mejor. Así es como tiene que ser. Simplemente no naciste para compartir tu vida con otra persona. Eso es para otros, para los que saben amar. Tú solo sabes escribir.

Sabes que la soledad te viene bien. Ella te ha moldeado y te ha hecho escritor. Hoy eres quien eres gracias a la soledad.

En compañía se estaba bien. La querías. Sí, la amabas. Como diría Neruda: "Cómo no amar sus grandes ojos fijos."

Pero era todo demasiado irreal, ese no eras tú. Tú eres el de los poemas, ya sabes; el que le escribe a medianoche, el que no tiene más consuelo que su pluma. De todas formas ella no iba a ser feliz a tu lado. ¿Qué podías ofrecerle sino nostalgia? No te merecías irte todas las noches a la cama con una amazona.

Otras vez solo vuelves a ser tú. Vuelves a la normalidad, vuelves a ser el de antes, vuelves a ser el de siempre. Solos tú y tu soledad. Y ella volando sola lejos de ti, entre tinta y papel.

miércoles, 1 de abril de 2015

Demasiado imperfecto

Mi ninfa tierna, donde estarás. Recuerdo que eras de nata, de nata y suave, y dulce, y clara. Yo recorría tu piel como las nubes recorren el cielo. Qué felices hubiésemos sido...
Yo era demasiado imperfecto.

Ahora imagino que otro encontrará tus labios finos en la oscuridad, te tomará de la mano y te robará sonrisas de fresa. Tú le harás caricias, él jugará con tu pelo... Mientras yo te escribo.

Yo era demasiado imperfecto.

Yo solo quería mirarte a los ojos y pasar dos segundos a solas contigo. Nunca sabremos cuanto te hubiese querido.

Ahora eres lejanía, lejanía y desengaño. Yo no me atreví a mirarte a los ojos cuando estuve a solas contigo. Yo, que era simple, normal, mundano, y cobarde a tu lado; me detuve en la perfecta configuración de tus labios. Y después, soñé más abajo, donde mi piel con tu piel se hacía sublime, allí, en aquel valle cálido...

miércoles, 11 de marzo de 2015

La lluvia se posa

Le escribo a todo lo que no tengo. A ese frescor tuyo en primavera, al calor de tu invierno, a los otoños de humedad y calma.

Junto a ti la lluvia se cae distinta, como unos dedos maestros cayendo con delicadeza sobre las teclas de un piano.

Tú y yo somos de mundos distintos. Tú sabes a rocío, y yo a hierro y a metal corroído. En un mundo irreal seríamos compatibles, en un mundo de invierno y noches heladas donde sólo tuviésemos mi fuego y tu fuego.

En un mundo imposible tal vez me querrías, me amases, y después me echases de menos. Yo no puedo quererte, serías demasiado. Me gusta más llenarte de besos.


Junto a ti la lluvia cae distinta, el otoño es nuestro, y el tiempo es menos tiempo.

lunes, 23 de febrero de 2015

Abrazos

Los abrazos son para quién pueda darlos. Yo, como no tengo brazos, escribo porque no conozco otra forma de amar. Tal vez pienses que contigo sería distinto, que te tomaría de la mano y te llevaría a donde el día cambia de nombre. Pero yo, que no tengo brazos, sólo consigo amarte en una maraña de letras. Así tú te vuelves sutil, fina, de polvo y papel; y yo, que no tengo brazos, te escribo porque es la única forma de amarte que sé.

domingo, 11 de enero de 2015

Amarte simplemente

Quiero amarte simplemente, casi sin que importe que tú me ames, y sin que a ti te importe si yo te amo o no. Sí, amar sin riesgos, amar sin miedo; que es la forma más sublime de amar, y a la vez la más baja de todas.

No me hace falta amarte para escribirte, ni siquiera que tú me ames. Sólo con que existas me basta. En tu presencia, que no tiene que ser real ni tampoco física, las letras se juntan solas unas con otras. A veces parece que eres tú quien las ordena. Yo que no soy más que un conductor de piel y sangre, y tú la artista que está detrás de todo.

Este vívido sin vivir tiene su gracia. Este amarnos sin amarnos, este soñarnos sin querernos, este buscarnos sin querernos encontrar. Sólo amarnos sin querer, y sin querer queriendo amarnos; como la forma más baja de amor, o la más sublime de todas.

domingo, 5 de octubre de 2014

De amores imposibles

Me debato entre amarte para siempre, o no volver a soñarte nunca más. Tu escritor es débil, ya lo sabes.

En los últimos tiempos ya no disfrutabas con mis letras. Estabas tan habituada que los desayunos de café con versos se te hacían amargos. Pero tu escritor todavía te amaba, a pesar de todo. Hacerte el amor con palabras era maravilloso. La distancia es lo que tiene, que si tú no ardes en mí, y yo no ardo en ti, no somos nada.

Que fueras imposible era lo que más me gustaba. Si no, no me lo explico. ¿A qué escritor no le gusta un buen imposible?

¿Cómo hacerle el amor a una diosa?

Hoy he vuelto a ser un imbécil. Me acordé de tu sonrisa, de tus ojos... y antes de todo eso, me acordé de tus muslos. Eres maldita, y por eso creo que me gustas tanto. ¡Si supieras que todavía te escribo! Sí que lo sabes. Como sé que de vez en cuando te acuerdas de mí, ¡cómo no hacerlo! Y de vez en cuando yo hecho de menos tus brazos, tus brazos y todo tu cuerpo caliente.

Eras tan sublime que hacerte el amor parecía algo vulgar, grosero, terrenal... ¿Cómo hacerle el amor a una diosa? Sabías a fuego, lo recuerdo; y supongo que te seguirás agitando como un volcán. Te deseo de manera egoísta, vil, malvada. Te deseo toda, y toda para siempre. Llevas el nombre de la perdición. Eres maldita, y por eso te amo tanto todavía.