—¿Te veré mañana?
—No lo sé.
—¿No lo sabes?
—No.
—¿Y yo qué hago?
—No sé. También podemos vernos otra vez otro día.
—No, tiene que ser mañana.
—¿Por qué?
—Porque necesito verte todos los días.
—Bueno... no siempre se puede.
—¿Por qué sonríes?
—No sonrío.
—Sí lo haces. ¿Ves? Lo has vuelto a hacer... ¿Qué pasa si te digo que me encanta esa sonrisa?
—Nada.
—¿No pasa nada?
—No.
—Es posible, pero sonríes.
—Claro.
—Tienes una sonrisa de nata.
—Siempre dices esas cosas...
—Porque es la verdad.
—No, porque a ti te encanta inventarlas.
—Sí, es cierto, pero sin ti no podría.
—Están dentro de ti, si no fuese conmigo sería con otra.
—Tal vez... pero has sido tú, y eres tú la que está aquí ahora; de terciopelo como el material de los sueños.
—¡Esa te ha quedado fatal!
—Lo sé...
—No importa.
—¿Algún día me dirás que te gustan las cosas que te escribo? ¿O vas a dejar que siempre lo adivine?
—Me gustan. Me gustan todas.
—Amándote es fácil escribir cualquier cosa.
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lunes, 5 de octubre de 2015
jueves, 30 de abril de 2015
Reencuentro
-¿Sabes
que te busqué?
-Bueno…
-Pero
cuando vi que no contestabas supe que te había perdido… que habíamos perdido el
contacto.
-Cambié
de mail, simplemente.
-Sí,
fue lo que pensé. Podrías…
-¿Qué?
-Podrías
habérmelo dicho.
-Sí…,
pero en cada uno de tus mensajes veía que sufrías. Seguir en contacto conmigo
no hubiese sido bueno para ti.
-Bueno,
ahora estamos tomando un café…
-Sí…
-¿Recuerdas
aquel día en clase de latín?
-¿Qué
día?
-El día
en que faltaron todos, hasta la profesora, y estuvimos solos.
-Sí…
bueno, creo que sí.
-Me
encantaba la clase de latín.
-Lo sé.
-¿Te
acuerdas?
-Sí.
-Me
encantaba. Me podía sentar a tu lado y ver esa preciosa letra tuya, tan redonda
y chiquitita. Qué tonto soy, ¿verdad? Recordando ahora con esta edad algo de
hace más de diez años.
-Tal vez deberías desprenderte de esos recuerdos. No creo que sean buenos para
ti.
-Es uno
de los mejores que tengo de aquellos años. Recuerdo como ibas a clase, los
zapatos que llevabas, el estuche que usabas… Y sigues siendo igual de guapa.
-Bueno…
¿Hasta cuando te vas a quedar firmando libros?
-¿Eh?
Bueno, aquí solo era hoy. Pero ahora viene la Feria del Libro y estaré en
varios sitios.
-Ah,
vale…
-¿Cómo
encontraste mi libro?
-Vi el
anuncio en televisión. Reconocí tu nombre, y me acordé que habías dicho que
estabas escribiendo una novela de ese tipo.
-¿Lo
has leído?
-¡Claro!
Si no no hubiese ido a tu firma.
-Claro…
gracias. ¿Te gustó?
-¡Por
supuesto! Has trazado una gran trama y te ha salido muy bien. Y el final
fantástico, no me lo esperaba. No me extraña que hayan apostado tan fuerte por
ti.
-Muchas
gracias. Te lo agradezco de verdad. Eres historiadora, así que si a ti te ha
gustado tanto puedo darme por satisfecho.
-Tampoco
es que sea una gran experta en esa época. Pero está muy bien.
-Cuando
te vi llegar no me lo podía creer. A pesar de todos los años que han pasado te
reconocí al instante.
-Sí, y
yo a ti.
-Bueno,
tú tenías ventaja. Sabías que iba a estar ahí.
-Sí, es
verdad, pero tampoco has cambiado nada. Incluso estás más joven.
-Bueno,
gracias. Aunque no es exactamente así.
-En
fin, me alegro de haber vuelto a saber de ti y de que hayas podido cumplir tu
sueño. Yo ahora…
-¿Puedo
preguntarte una cosa?
-Sí,
claro.
-¿Cómo
es él?
-¿Quién?
-Él.
-¿Por
qué das por hecho que tengo pareja?
-…
-Él no
importa en esta conversación.
-Claro…
lo siento. Perdona, no quería…
-No
tranquilo, no pasa nada.
-¿Volveremos
a vernos otra vez?
-No lo
sé. No creo.
-Si
vuelvo, ¿puedo avisarte...?
-Creo
que harías bien en olvidarme. Todo esto te hace daño. Me ha encantado tu
novela, y compartir estos minutos contigo, pero no es bueno para ti. No dejes
de escribir, lo haces bien.
-Aún te
quiero, lo sabes.
-Sigue
escribiendo, lo haces bien. Buena suerte.
jueves, 16 de abril de 2015
Cuando me eches de menos
-¿Qué te pasa?-
-Nada.
-¿Y ese gesto?
-¿Qué gesto?
-Ése... Lo haces siempre.
-¿Cuál?
-Morderte el labio. Lo haces siempre.
-No me muerdo el labio. Lo que hago
es... ponerlo así... dentro de la boca... ¿Ves?
-Eso es morderse el labio.
-No, no. Mira... así.
-Sí... ya veo. Bueno, ¿y por qué
estás enfadada?
-¡Que no lo estoy!
-Te pasa algo.
-¡Que no!
-Venga, dime.
-...
-¿Qué te preocupa?
-¿Para qué quieres que te lo cuente?
¡No me mires así como si te importase!
-¡Claro que me importas! Venga,
cuéntamelo.
-Dame un abrazo.
-¿Era eso? ¿Un abrazo?
-¡No seas tonto!
-¿Entonces...?
-Estaba pensando...
-¿Qué?
-Estaba pensando en lo que pasará
cuando te vayas.
-Ya hemos hablado muchas veces de eso.
No tienes porqué preocuparte.
-Te olvidarás de mí.
-No lo digas así que me pones triste.
Claro que no te olvidaré. Estaré pensando en ti todo el día.
-¿Y quién te dice que no conocerás a
otra chica?
-Conoceré a chicas, a chicos, amigas,
amigos, gente... Es normal.
-Es normal que te busques otra novia si
la tuya está lejos.
-¡No digas tonterías! Mírame... Eh,
mírame. ¿Cómo quieres que te diga que te quiero?
-Déjalo... no importa.
-Venga, no me gusta verte así.
-Pues no me mires.
-No te pongas así, por favor. Ven
aquí... Ven, anda... Necesito darte otro abrazo.
-Y yo...
…
-¿Me echarás de menos entonces?
-Te echaré de menos y echaré de menos
estos momentos.
-¿Qué momentos? ¿Cuándo discutimos?
-No, tonta. Cuando estamos así
abrazados. Cuando dejas caer tu cabeza sobre mi hombro. Cuando juego
con tu pelo. Cuando te acaricio y tú suspiras. Cuando miramos los
dos al infinito...
-¿Dónde has leído todo eso?
-¡En ninguna parte! ¿Por quién me
tomas?
-¿Entonces, se te ha ocurrido
espontáneamente todo ahora?
-Claro, ¿qué pasa? ¿Acaso no puedes
inspirarme cosas bonitas?
-Supongo... pero pensé que era de
Neruda o alguien así.
-¡Que va! De Neruda es: “La noche
está estrellada y tiritan, azules los astros, a lo lejos.”
-No me gusta.
-Si leyeses el poema entero te
gustaría.
-¿Quién va a hablarme de poesía
cuando tú no estés?
-No sé... tal vez seas tú la que me
olvides.
-¿¡Estás tonto o qué!?
-Puede ser. Puede que seas tú la que
conozcas a otro y te olvides de mí.
-Yo jamás haría eso...
-Lo sé.
-No quiero que te vayas.
-¿Y qué puedo hacer?
-¡Renuncia a todo y quédate aquí
conmigo!
-Qué graciosa...
-Era broma. Sé que esa beca es muy
importante para ti.
-Siempre podrás venir a verme.
-No creo que mis padres me dejen ir
sola.
-Bueno, pues vendré yo a buscarte como
si fueras mi niña.
-¡Soy tu niña!
-Claro, claro...
-Te echaré de menos... ¿Y tú?
-No sé... tal vez.
-¿Tal vez?
-Tal vez no.
-¡Sigue así y vas a irte con la marca
de una buena bofetada en la cara!
-Es que me encanta ver como te muerdes
el labio cuando te enfadas.
-¡No me lo muerdo! Solo me lo meto
entre los dientes.
-¿No era en la boca?
-No, no. Entre los dientes. Así...
¿ves?... En la boca... Entre los dientes, quiero decir.
-¿Y eso no es mordertelo?
-No.
-¿Me das un beso entonces?
-Ahora no. Me has hecho enfadar.
-Se te da muy mal hacerte la enfadada.
-Y a ti el fingir que no vas a echarme
muchísimo de menos.
domingo, 12 de abril de 2015
Ciencia
-Ya sabes, es solo química.
-No me gusta cuando dices eso.
-Pero es la verdad.
-¿Incluso ahora cuando caminamos de la mano, también?
-Claro.
-Yo no lo veo así.
-Pues es así.
-No te pongas serio.
-No me pongo serio. Es la ciencia que es así.
-¡Esto no es ciencia!
-¡Todo lo es!
-¿Si te amo también es ciencia?
-Si me amas es porque sientes algo, y si sientes algo es porque ciertas partículas, ciertas moléculas dentro de tu cerebro actúan de determinada manera.
-Ya... las hormonas. No podían faltar las hormonas.
-Sí, pero no solo eso. Verás...
-¿Y por qué pasa todo eso que dices que pasa en mi cerebro?
-Bueno, pues porque es así, porque funciona así.
-Sí, pero por qué. ¿Por qué contigo y no con otro?
-Eso no tiene importancia.
-¡Oh! ¡Sí que la tiene! ¡Ya lo creo que la tiene!
-A efectos fisiológicos es igual.
-Vale. Pero quiero que me digas por qué te quiero a ti y no a otro.
-¡Es lo mismo yo que otro! ¡Funciona igual!
-No sabes. No sabes porqué. Tu querida ciencia todavía no puede explicar eso.
-Bueno, en términos evolucionistas es posible que como hembra hayas visto que tengo las cualidades que como macho consideras adecuadas para tener descendencia.
-¡No, no! ¡No me vengas con Darwin ahora! ¡Que ese tenía explicaciones para todo!
-Pues como quieras, pero es así. Es ciencia.
-Ok. Pues cuando tu ciencia me explique porque me gusta pasear al atardecer de la mano contigo y no con otro me lo cuentas.
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