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viernes, 25 de septiembre de 2015

Estrellita

Esa de oro y de bronce
la de piel de canela
y chocolate.

Yo la veo
como un sueño
de almendras,
como un regalo
de caramelo.

Estrellita
de ojos vainilla,
ninfa castaña...

Color de otoño
y de ocaso,
cómo te pareces
a la primavera,
ángel avellana.

miércoles, 16 de septiembre de 2015

Gris

Gris hoy,
gris de mí,
como este mundo
de plástico.
No como tú,
de sueños y chocolate,
de luz y de jazmín.

Así languidece el día,
goce de ti,
bruma en la noche.

Yo, que nada quiero,
yo, que todo ansío,
ángel avellana,
yo que te espero,
tierna sonrisa,
lluvia de estrellas.

Muchacha de cobre,
ojos marrones,
ya llega el otoño,
a este mundo
de plástico.

lunes, 31 de agosto de 2015

Adiós...

En unos meses tú te habrás ido y a mí sólo me quedarán estos zapatos sucios. Tú te habrás ido y te habrás llevado esa sonrisa para siempre. Te habrás llevado también toda la poesía. Yo con mis zapatos sucios me quedaré a verte marchar, me olvidaré de tu moño alto y alocado, y te diré adiós.

¡Adios sonrisa infantil!
¡Adiós mirada inocente!
¡Adiós nariz de caramelo!
¡Adiós amor de verano, adiós refugio de otoño!
¡Adiós niña, adiós cielo, adiós sonrisa, adiós amor! 
 

 

jueves, 30 de julio de 2015

De otoño y ocaso



Y apareciste. Supongo que igual que todas las anteriores, pero con la extraña certeza de ser sólo tú. Quién sabe si producto de la casualidad más maravillosa que nos pudo haber pasado nos encontramos igual que una gota se funde con otra gota gemela en un torrente de agua. ¡Qué nos importarán los nombres! Sé que eres tú y eso es suficiente. La etiqueta por la que me refiero a ti no es un nombre, ni siquiera una etiqueta, es “cariño, princesa, te necesito aquí a mi lado”.

Y así apareciste. Ahora ni tú ni yo sabemos como va a terminar esta locura maravillosa. Yo me conformo con amarte a ratos, a minutos, a segundos, en pequeños instantes, y después sufrir tu ausencia. Y tú, que eres así, tan secreta y misteriosa, tan de otoño y de ocaso, aguardas con recelo a que tal vez ocurra cualquier cosa, a que nuestra agonía dichosa de querernos sorbo a sorbo se transforme en algo; en un calor prolongado, quizás en una caricia infinita, en un no echarnos nunca más de menos, en saborear eso que se llama calor, tú y yo, esos dos desahuciados del mundo de los vivos, esos dos enamorados de los sueños cumplidos.

miércoles, 11 de marzo de 2015

La lluvia se posa

Le escribo a todo lo que no tengo. A ese frescor tuyo en primavera, al calor de tu invierno, a los otoños de humedad y calma.

Junto a ti la lluvia se cae distinta, como unos dedos maestros cayendo con delicadeza sobre las teclas de un piano.

Tú y yo somos de mundos distintos. Tú sabes a rocío, y yo a hierro y a metal corroído. En un mundo irreal seríamos compatibles, en un mundo de invierno y noches heladas donde sólo tuviésemos mi fuego y tu fuego.

En un mundo imposible tal vez me querrías, me amases, y después me echases de menos. Yo no puedo quererte, serías demasiado. Me gusta más llenarte de besos.


Junto a ti la lluvia cae distinta, el otoño es nuestro, y el tiempo es menos tiempo.