Entonces
cometes la estupidez más grande del siglo y le escribes a medianoche. Dos
palabras, a veces una línea solitaria, lo que sea con el objetivo de que sepa
que sigues ahí… cómo si no lo supiera. Y te sientes triste, eufórico, abatido,
contento, estúpido, raro. Piensas en la cara de indiferencia que pondrá cuando
lo lea. Piensas en lo extraño que debe de pensar que eres. Pero le has escrito,
ya está hecho. Te has desahogado para volverte a ahogar, más profundo, más
abajo en el fondo. Pero no te importa. Qué demonios. Se lo has dicho. Por
enésima vez le has dicho lo que ya está cansada de leer, de escuchar. Sabes que
no le importa. Pero no pasa nada. No puedes hacer nada, sólo ser, estar ahí,
plantado en mitad de la nada, esperando a que ella pase y te recoja. Pero sabes
que ella no va a pasar, que no te v a recoger, que seguirás ahí, siendo tú con
todo tu yo. Y nada más. Ella es
compasiva porque sabe que tienes una pobre alma, extraña, a veces incomprensible,
pero pobre al fin y al cabo. Demasiada sombra y demasiada luz. Ella sabe que
eres demasiada sombra.
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lunes, 21 de diciembre de 2015
Ir
Y
decides ir a buscarla. Sabes que no tiene ningún sentido, pero nada de lo que
ha pasado hasta entonces lo tiene. Vas. Y te vuelves sin nada por donde mismo
has venido. Pero has ido, fuiste. Cometiste la tontería de buscarla, la
tontería que llevabas tiempo queriendo y necesitando hacer. A veces necesitas
ese tipo de cosas, como para demostrarte que estás tan loco como muchos creen.
Lo intentaste, y te das una palmada invisible en la espalda. Lo intentaste, y
te vas a casa, a pensar en todas las locuras y estupideces que te gustaría
hacer por ella.
viernes, 27 de noviembre de 2015
27 de noviembre
Será para siempre,
amor, será sin ti.
Ya no más tú.
Madrugar, qué
triste rutina,
tan duro pensar
que ya no estás.
No más saludos,
no más, ya nada
de ti. Ahora
quién será.
Ahora sin ti,
si nada.
No todo, la nada,
y para siempre,
qué frío,
sabíamos
que llegaría el invierno.
Qué frío.
De pesar mis manos
tiritan, como
fulgores del cielo,
como llamas,
brasas extintas
que se consumen
ausentes,
de ausencia se
agitan y me duelen.
¡Qué frío, amor,
qué frío!
Nunca pensé
verte ir tan
pronto,
qué duro,
sonrisa de azúcar,
este veintisiete
de noviembre.
martes, 17 de noviembre de 2015
Verde
¡Baila, florecilla, baila!
como los pétalos
mecidos por el viento.
¡Baila sonrisa blanca
que a mí me gusta
cuando bailas!
Qué linda, florecilla,
yo me enamoro
de tu fiesta de colores.
Ninfa verde,
de tierra, de hojas,
y de menta;
cómo me gustas
cuando bailas.
Mañana estaré
aquí otra vez aunque
ya nada importe,
pero será otro día mañana
y yo, ensueño de jade,
tendré ganas de volver a verte.
martes, 20 de enero de 2015
Si no existieras...
No sé,
tal vez si no existieras
el mundo sería distinto.
Tal vez,
la primavera no fuese verde,
y la nieve no fuese blanca.
Si no existieras,
el cielo sería extraño,
yo amaría
a cualquier mujer mundana
y tú no serías más
que un rayo de luz
en la nada.
Más imperfecto,
tal vez,
el mundo opaco sin brillo,
tú no serías Musa;
y quizás,
si tú no existieras,
no hubiese alba.
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